relato
Mierdi Christmas
Sergio Vera Valencia/dicembre 2010

Esta mañana, he amanecido antes de la cuenta, merced a un ruido procedente del salón.
Tras quitarme las legañas, enganché el regalo que mis precavidos progenitores me habían entregado ayer mismo, con motivo de la celebración del vigésimo cuarto aniversario del día en que decidí joderle la Nochebuena a mi madre viniendo al mundo , y, aún ligeramente adormiscado, salí con todo el sigilo que pude de mi habitación.
Nada más entrar, me topé de bruces con un tipo obeso y barbado, que por los leves restos de hollín que trufaban su pintoresco traje verde, deduje se había colado por la chimenea. Sin pensármelo dos veces, me dispuse a estrenar mi nuevo juguetito, por aquello del allanamiento de morada y preservar las buenas costumbres.
No fue hasta que su vestimenta se tiñó de rojo brillante, cuando reconocí al fulano, y caí en la cuenta de la verdadera magnitud de la tragedia.
Demasiado tarde, recordé que en realidad la indumentaria de Santa Claus es de color verde pistacho.
Cuánto daño han hecho a la cultura los anuncios de turrón y coca-cola.
¡Quién les manda a mis padres regalarme una recortada por mi cumpleaños!
Yo no la pedí, lo juro, señoría.
Y le ruego tome en consideración el atenuante de que, con la pueril excusa de que un servidor cumple los años la víspera de navidad, el gordo cabrón siempre olvidaba pasarse por mi casa
Fuego cruzado
Gris de campaña
Un hermoso lugar para morir
Ocho millones de maneras de morir
Reina del crimen
La resurrección de los muertos
Rosa sangrienta
Todo está perdonado
La última causa perdida
Voces que susurran