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UNO DE LOS SUYOS

Por: Jesús Lens

¿Os suena la siguiente frase?:

"Desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gángster"

Es la primera que se pronuncia en una película ya clásica, aunque tiene pocos años, de cine negro, "Uno de los nuestros", de Martin Scorsese. No vamos a engañarnos. De niños todos hemos querido alguna vez ser gangsters. Los tebeos, los libros y las películas potenciaban esa sed de libertad que otorgaba ser "los malos". A medida que íbamos creciendo, ese reparto de papeles ya no estaba tan claro. Gangster y mafioso iban tomando otras connotaciones. Pero en el terreno de la mítica, la fantasía, la imaginación y la ficción, seguíamos queriendo ser gangsters.

Al leer la palabra "mafia" la asociamos de inmediato a italianos. El director de cine Martin Scorsese ha sido uno de los que, con sus películas, más ha dado a conocer el mundo de esos Gangsters ítaloamericanos que tanto nos atraen. Y dentro de poco nos veremos conducidos de su mano a una nueva guerra de bandas... pero esta vez entre irlandeses.

Efectivamente, en su última película, la ansiada y siempre retrasada "Gangs of New York", el director vuelve a introducirnos en el mundo de los matones, asesinos a sueldo y extorsionadores. Estamos en el Nueva York de mediados del XIX y las ingentes olas de emigrantes que llegan de Europa buscan ocupar su lugar en la Tierra Prometida. Entre las colonias más numerosas, las de italianos y las de irlandeses. Dos bandas rivales, una capitaneada por Leonardo Di Caprio y otra por Daniel Day Lewis, se enfrentarán por el control de la ciudad. Además, Lewis y los suyos mataron al padre de Leo, con que otra historia de crímenes, venganza, poder y violencia, aspectos de la vida que siempre han atraído a Scorsese, está servida.

El espectacular reparto de la película se completa con Cameron Díaz, Liam Neeson, Pete Postlethwaite y Brendan Gleeson. Una película que deberíamos haber visto ya en el verano del 2001 y que, por diversas vicisitudes, ha visto continuamente retrasado su estreno hasta el punto de que todavía hoy no está claro cuando podremos verla, ya que director y productor están inmersos en una guerra acerca de la duración final que debe tener el film.

Rodada íntegramente en Roma, en los estudios de Cinecittá, se construyó un Nueva York en cartón piedra... que fue reducido a cenizas antes de rodar una sola escena. La mafia, indignada porque en la construcción de los decorados no había participado ningún italiano, quemó el decorado y obligó, a través de los sindicatos romanos, a que los nuevos carpinteros fueran todos originarios del país transalpino. Muchas veces hay que preguntarse dónde empieza la realidad y dónde la ficción.

Pero vamos a centrarnos en otra de las películas del director italoamenricano, "Uno de los nuestros" ya que es un puro Scorsese por los cuatro costados y constituye uno de los mejores ejemplos de película de gángsters de la historia del cine. Tanto formalmente, como luego explicaremos; como por su historia. Una historia llena de realismo, crudeza y veracidad; que hace de esta película de no-ficción casi un documental acerca del modo de vivir de los mafiosos. Su título en inglés, "Goodfellas", algo así como "buenos chicos" o "tipos enrollados", comienza con la siguiente frase, genial: "Desde que tuve uso de razón, siempre quise ser un gángster".

No han transcurrido ni dos minutos de película y ya ha habido un asesinato brutal, repleto de sangre y violencia, sucio e impactante. Y luego la frase, con la imagen congelada de un bello Ray Liotta en plena acción, machacando la cara de un tipo: "desde que tuve uso de razón, siempre quise ser un gángster. Ser gángster era mejor que ser Presidente de los Estados Unidos".

A Nicholas Pileggi, un periodista especializado en el crimen organizado, autor del libro "Wiseguy. Life in a mafia family", en que se basa la película y coautor del guión de nuestra película; le llamaron por teléfono y le dijeron: "coge un avión, ve al hotel X de la ciudad Y, y espera en la habitación Z".

Así lo hizo y ante él se presentaron dos agentes del Programa de Protección de Testigos y un gángster: Henry Hill. Éste le contó su historia. Es la historia de un gángster de medio pelo, completamente en las antípodas de la familia Corleone, de la obligatoriamente nos ocuparemos en otra ocasión. Como dijo el propio Scorsese, "cuando leí el libro de Nicholas Pileggi me impresionó el relato de la vida cotidiana de la gente que vive en torno al crimen organizado. Me interesaba mostrar como viven una jornada de trabajo con pelos y señales. La atracción consistía en mostrar los detalles: su modo de vestir, sus platos de spaghetti, las esposas y las amantes de su vida, etc. "Good fellas" es un film sobre una forma de vida y Henry Hill desempeña el papel de guía en ese mundo subterráneo de los trabajadores del crimen."

No voy a contar el argumento de la película porque imagino que todos los que estáis leyendo esto la habéis visto. Si no es así, estáis en pecado mortal. Así que detened la lectura, id al videoclub más cercano y devoradla. Luego volvéis y seguís leyendo. Porque las tres décadas de vida en la mafia que protagonizan de Henry, Tommy (delirante Joe Pesci, Oscar al mejor actor secundario por su estremecedora representación de este sádico mafioso) y James Conway (un Robert de Niro muy contenido en un papel secundario) proporcionan en 145 minutos una rotunda lección de cine. Hay una secuencia (ahora ya sí, todos habéis visto la peli ¿verdad?) que es modélica y que debería usarse en las escuelas: el célebre y larguísimo travelling en el que Henry, vestido con un impecable traje a medida, va con una chica (Lorraine Bracco) a cenar. Ella no sabe nada de la vida de su acompañante. Sin aparcar, se bajan de un coche reluciente. Henry saluda al aparcacoches y le da un billete. En la puerta principal del restaurante hay una larguísima cola. No en vano es el célebre Copacabana. Henry y su chica entran por la puerta de atrás. Henry saluda al portero y le da un billete. Atraviesan la ajetreada cocina mientras Henry saluda a todo el mundo y todo el mundo le saluda a él. Entran en el restaurante y, tras dar un billete al maitre, éste ordena a un camarero que prepare para Henry una mesa junto al escenario. Henry saluda a todos los que ocupan la mesa junto a la suya y se sienta a cenar. Su chica, tan impactada como nosotros, sin que haya sido necesario pronunciar una palabra, ya sabe quién es Henry y, por supuesto, está enamorada de él.

Enamorada quizá no tanto del Henry-persona como del Henry-personaje y de su estilo de vida. Porque de eso se trata "Uno de los nuestros", de mostrar los billetes de cien dólares cambiando de manos, de enseñar los zapatos de lujo y los trajes de 300 dólares, los enormes cochazos y los clubes y restaurantes más genuinamente neoyorquinos, las timbas y partidas de cartas en las trastiendas, las extorsiones y los robos. La cotidianeidad en la existencia de esos chicos listos que enfilan la vida de frente y no se arredran ante nadie. Tras matar a un tipo y antes de enterrarlo, mientas el fiambre está en el maletero del coche, los Henry, Jimmy y Tommy se comen tranquilamente unos spaghettis caseros que ha preparado la madre de éste mientras cuentan unos chistes. El trabajo con el estómago lleno se hace mejor.

Como diría Hitchcock, el Mc Guffin de "Uno de los nuestros" sería el célebre atraco de la Lufthansa, que perpetraron nuestros héroes. Pero no es más que un hilo conductor para mostrarnos cómo viven los tipos listos. Y cómo se les acaba el chollo. Cuando se saltan las normas y trabajan por su cuenta, las cosas ruedan mal. Tommy se carga al tipo inadecuado y paga por ello. Henry se enreda con las drogas y hace caso omiso del Padrino (Paul Sorvino, que si se mueve despacio es porque no necesita moverse más rápido), que le "aconseja" abandonarlas, y tras una media hora final spídica, a ritmo de anfeta y de coca; cae en las manos del FBI. Es el final de una época y de una vida que, para Henry, nunca volverá. Bajo el Programa de Protección de Testigos, con una nueva identidad, fuera de sus calles, alejado de sus amigos, a los que ha traicionado, establecido en una fría ciudad provinciana, cuando pide spaghetti a la marinera para comer, le llevan macarrones con ketchup.

Hay multitud de elementos que contribuyen a dar esa imagen de realidad que Scorsese nos intenta transmitir: el reparto, además de por todos los actores mencionados (de inequívoca filiación italoamericana) está conformado por gentes sacadas de las calles en las que transcurre la película, incluyendo a los propios padres del director. La modélica banda sonora, trufada de canciones de Tony Bennett, Dean Martin (en cuya biografía estuvo trabajando Scorsese para elaborar un guión, "Dino", que debía interpretar Tom Hanks y que, de momento, está en la nevera), Aretha Franklin, Rolling Stones, Cream, George Harrison o Muddy Waters; nos va llevando, a través del oído, de una década a otra; en un prodigio de situación espacial y temporal a través de la música. Las peluquerías, los cafés, las casas, las comidas y la gastronomía, tan importante para los personajes... todo está sacado de la realidad. Esa realidad que Scorsese conoce tan bien y nos hace conocer a los espectadores de su película.

Pileggi colaboró también con Scorsese en "Casino", que no es sino la historia de Las Vegas. Pero contada, igual que pasa con "Uno de los nuestros" desde un punto de vista muy especial. En este caso, y dado el éxito de crítica y público de "GoodFellas", le encargaron a Nicholas que se marchara a Las Vegas y buscara una buena historia sobre la ciudad que uno de sus más famosos cronistas, Hunter S. Thmpson, definió en su célebre "Miedo y asco en Las Vegas" así: "es la ciudad más siniestra del mundo para un perdedor". Y en uno de ellos fue a inspirarse nuestro guionista: Frank Rosenthal "El zurdo". Interpetado, como no, por un Robert de Niro en estado de gracia. "Casino" es muy especial porque saca a Scorsese de sus queridas calles de Nueva York, en las que tan cómodo se siente, para llevarnos al oeste. Y es que el proverbial amor de Martin por la Gran Manzana es palpable en otras muchas de sus películas: "Malas calles", "Toro Salvaje", "El color del dinero" "After hours" o "Taxi driver"… pero si empezamos a hablar de ellas, necesitaríamos varias horas más así que lo dejaremos para otra ocasión.


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