EL GIMLET EN LA NOVELA NEGRA
LUIS GÁLLEGO / agosto2010
En el género negro existen una serie de elementos de attrezzo que contribuyen a crear una ambientación que con el tiempo han pasado a formar parte de una mitología que cualquier aficionado a ese estilo conoce. En su versión más clásica los objetos que podríamos incluir en esa lista serían: las gabardinas, los cigarrillos, los sombreros, el jazz, etc. Y dentro de ella habría que añadir las bebidas que toman los personajes, que a veces los definen tanto como sus palabras. En ese apartado el cóctel Gimlet es una presencia habitual en las obras del género.
Para hablar del Gimlet no se puede recurrir a esa frase tan manida de que no necesita presentación porque, por desgracia, este cóctel no es tan conocido en España como pueden serlo el Mojito, la Margarita o el Bloody Mary.
Por ello creo que la mejor forma de comenzar a conocerlo es comentar sus componentes. Así, su ingrediente principal es la ginebra en una proporción de dos tercios. De hecho, junto con el Dry Martini y el Gin Fizz, forma parte de la trilogía de los cócteles de ginebra: los más bebidos, los más famosos y los más sabios. Respecto a la marca de ginebra más apropiada para su elaboración hay que mencionar que muchos bebedores asiduos de este cóctel se decantan por la Beefeater, aunque parece claro que cualquier London Gin a gusto del consumidor haría un buen papel: la Bombay Shaphire, la Tanqueray, e incluso la Larios.
Además, el Gimlet también incluye zumo de lima, ocupando el tercio restante de la copa. Esta fruta, que es el pariente iberoamericano de nuestro limón, es de color verde y tres o cuatro veces más grande. Mi consejo es utilizar la marca Roses por ser la menos pegajosa y empalagosa.
También es fundamental que el Gimlet, para ser digno de recibir este nombre, se prepare agitando la coctelera, sea decorado con una rodaja de lima y servido en una copa de cóctel de boca ancha. En muchos locales además añaden una guinda roja pero se trata una mala costumbre que puede destrozar el equilibrio de colores e, incluso, sospecho que hasta puede ser perjudicial para la salud.
En cualquier caso, al margen de estas cuestiones técnicas hay un método infalible para saber si uno está tomando un auténtico Gimlet. La pista la aporta un bebedor tan experto como Jose Luis Garci (1) cuando asegura que “en los Gimlets que salen perfectos encontrarás en todo su esplendor la ambigüedad moral de las sociedades mezquinas, por ejemplo, la nuestra” . Frase que podría aplicarse tal cual al género negro y que quizás por eso permite explicar la habitual asociación entre el cóctel y ese estilo.
La responsabilidad de esta relación quizás podemos atribuírsela al novelista Raymond Chandler, cuyo personaje más famoso el detective Philip Marlowe solía elegir esta bebida siempre y cuando no estuviera dándole al whisky. Como afirma Raquel Rosenberg(2) “ el protagonista prefiere el gin para los momentos sociales y en soledad opta por el whisky o la cerveza” . Además en la novela “El largo adiós”(3) se proporciona la receta de este cóctel. En efecto, al principio de la novela, un amigo del detective Marlowe le explica en un bar que “un verdadero Gimlet es mitad ginebra y mitad Rose´s Lime Juice y nada más” . Y remata su explicación diciendo que deja pequeño al Dry Martini; afirmación que, en la América de los años cuarenta, suponía una auténtica provocación etílico-literaria, casi una herejía, dada la preferencia que existía por este combinado.
Después de este autor, el Gimlet aparecerá en muchas obras del género negro, consumiéndose tanto en garitos clandestinos de mala muerte como en los lujosos night club con derecho de admisión, que en el fondo vienen a ser lo mismo, pues una de las cosas que nos enseña el género, es que, por debajo de las apariencias, en ambos se oculta la misma codicia desmedida, la misma falta de escrúpulos, el mismo deseo de cazar y no ser cazado.
Lo más curioso quizás sea que en España el Gimlet también tiene su propia tradición literaria. Esto es debido a que en los años ochenta se publicó una revista con ese nombre especializada en género negro. Su director fue Manuel Vázquez Montalbán y tuvo una corta pero muy meritoria andadura de catorce números desde su salida al mercado en marzo de 1981. En ella escribieron autores como Andreu Martin, Juan Madrid (otros grandes del género negro español), Néstor Luján, etc.
Por si eso fuera poco, la editorial Diagonal también publicó una colección de novela policíaca llamada Gimlet, compuesta por libros de tapa dura y pequeño formato entre cuyos títulos hay joyas poco conocidas del género negro como “¿Acaso no matan a los caballos?” de Horace McCoy. En la actualidad la colección todavía existe editada por El aleph. Uno de los últimos títulos publicados ha sido “Un cuchillo en la mirada” de Jim Thompson (autor de la novela negra clásica “1280 almas”).
Esperando que mis palabras hayan servido para despertar su sed de alcohol y buena literatura, termino emplazándolos para que se dirijan a su coctelería favorita para probar este cóctel con una novela negra en el bolsillo y, a ser posible, con una mujer fatal prendida en el brazo. Porque estoy convencido de que los lectores de esta revista son personajes inteligentes y, como tales, seguro que tienen una coctelería favorita con un barman que conoce su bebida favorita y que nunca confundiría el nombre de su esposa con el de la amante. Y, cuando estén allí no se olviden de brindar por una larga vida al género negro mientras dejan que la carga de ironía afilada del Gimlet vaya minando su confianza en los pilares de la sociedad.
1- “Beber de cine”- Jose Luis Garci- Ed. Nickel Odeon– pag 77
2- “Sabores que matan. Comidas y bebidas en el género negro-criminal”- Raquel Rosemberg- Ed. Paidos- pag 100
3- “El largo adiós”- Raymond Chandler- Alianza Editorial- pag 24
Fuego cruzado
Gris de campaña
Un hermoso lugar para morir
Ocho millones de maneras de morir
Reina del crimen
La resurrección de los muertos
Rosa sangrienta
Todo está perdonado
La última causa perdida
Voces que susurran