DE NOVELPOL, LECTORES, SEMANAS NEGRAS Y AMIGOS
Enrique Bienzobas
Si no recuerdo mal contacté por primera vez con La Gangsterera, hacia noviembre o diciembre de 2002. Un día indagando –no me gusta nada eso de navegando, navegar implica viaje, charla, intercambio…, real, no ficticio, “virtual”, ¿acaso nos podemos tomar un vino virtualmente? Si así fuera yo tendría el hígado cojonudo- por la red de redes encontré una revista digital llamada La Gangsterera y me metí de lleno en ella.
Creo recordad que uno de los primero artículos que leí era de Javier Abasolo, entonces no sabía quién era, claro que tampoco sabía quienes eran los demás. Escribía Abasolo sobre las dificultades que entrañaba sacar novelas policíacas en Euskadi y nos contaba cosas de José Antonio Loidi, de Julián Vallejo, de Eugenio Ibarzábal, Perujo, Maura… Naturalmente añadí la URL de la revista a mis favoritos. Desde entonces todas las semanas leía reseñas, artículos, entrevistas…, lo mejor de la literatura especializada que pululaba por la red.
Y di un paso más. Envié alguna colaboración a Zeki, su director y creador. Creo que fue un comentario sobre la novela de Donald Henderson Clarke, Un hombre llamado Louis Beretti. Luego avancé algo más, me hice socio de NOVELPOL, Amigos de la Literatura Policial.
Después ya vino todo rodado. NOVELPOL era, es, puesto que todavía existe y continúa su muy digno trabajo, un foro que cubría el mundo entero, hay colaboradores de varios continentes. En él comentábamos (yo ya no pertenezco a dicho foro), recomendábamos, hablábamos… de libros, autores, películas, revistas…, dentro del género policial. Todavía guardo muchos de aquellos mensajes, por eso se que uno de los primeros fue de Jesús Lens Espinosa de los Monteros, que nos hablaba, y muy bien, de la novela Harraga de Antonio Lozano. Como se ve las primeras noticias negras fueron sobre literatura periférica. Barcelona y Madrid tardaron en salir al escenario.
NOVELPOL crecía y acordamos hacer la primera reunión de socios en Gijón en el marco de la Semana Negra. No podía ser de otra manera. Lo tengo apuntado en mi diario, quedamos el sábado 5 de julio de 2003 a las once de la mañana en el hotel Don Miguel. Llegué el viernes 4 de julio y apunté en el diario “Primera impresión de la Semana Negra negativa. Es como cualquier verbena, fiesta de barrio: chiringuitos, actuaciones, bares (en los que tienes que pagar antes para poder consumir después, lo que hace esperar dos colas), es como las fiestas de Las Rozas o de cualquier otro lugar. No me ha gustado”.
Pero el sábado cambiaron las cosas. A las once nos conocimos Zeki, Paco, Jokin, Brull, Ricardo, Jesús y un servidor. Pero además por allí pasaron Lorenzo Lunar, Raúl Argemí, Paco Ignacio Taibo-II nos saludó, “estáis haciendo una gran labor”, fue su comentario. Fue cuando se acordó conceder el Premio Novelpol, consistente en el que consideráramos la mejor novela negra publicada en el año anterior. El premio se concedería en la Semana Negra.
Ese día estuvimos en mesas redondas, presentaciones, exposiciones… Vimos la primera actuación de Los voladores de Cuetzlán, impresionante; asistimos a la entrega de los premios de la editorial Umbriel (¡qué magnífica labor hizo dicha editorial!), La miel y el cuchillo (Julián Ibáñez), Papel picado (Rolo Díaz)… Y conocí a Justo Vasco. La editorial nos invitó a una fiesta. El final de la fiesta nos encontró a Zeki, Jesús, Alicia, David Torres, y mi menda en la terraza de una cafetería sugiriéndonos el camarero que nos fuéramos a descansar, creo que eran las cinco de la madrugada.
Nunca olvidaré la Semana Negra. Nunca olvidaré las amistades que allí se hacen. Escritores, editores, publicistas, organizadores, periodistas, profesores universitarios, barrenderos, visitantes despistados, artistas, piratas… Una heterogeneidad jamás olvidada.
No hay que decir que repetí las veces que he podido. Además un asturleonés de pro, Alejandro M. Gallo, organiza, cuando voy, una fabada que, aunque ya sólo sea por ella, ha merecido la pena ir a Gijón, ir a la Semana Negra, ir a charlar con los amigos.
Enrique Bienzobas
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