entrevista
Marta Sanz
Por: José María Sánchez Pardo /enero 2010
- foto © Zeki
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¿Cuáles son tus orígenes y a qué te has dedicado?
Soy madrileña del barrio de Chamberí, y estudié Filología. Ahora sólo escribo, aunque durante muchos años lo que hice fue dar clases. He dado clase a profesores, extranjeros, ... a mucha gente. Pero ahora estoy dedicada totalmente escribiendo otra novela.
¿Cómo se gestó Black, black, black?
La envié en verano de 2009, y se publicó en Marzo de 2010. Los resultados han sido magníficos, y estoy muy contenta del trato que me ha dispensado la editorial, pues me tienen al tanto de las críticas y los comentarios, y he tenido gran número de encuentros con lectores, y con grupos de lectura.
¿Por qué escribes una novela de género negro?
Por varias razones, he escrito novelas de muy diverso tipo. De crítica social o autobiográficas… Siempre he sido lectora de novela negra, aunque no me gusta esa novela negra en la que el lector se le seduce mientras tienne que buscar la intriga, y estoy un poco cansada de eso.
Para mí, lo que es más importante de la novela negra es la crítica social que tiene este género. Me parece que la mejor manera de hacer una novela negra es por un lado una novela de crítica social y por otro una novela que critique al propio género. En Black, black, black por un lado se proyecta la violencia del sistema y por otro lado se refleja la violencia en la literatura, en los géneros literarios, en las propias estructuras retóricas que estamos manejando.
¿Cómo es que tu protagonista Arturo Zarco, se parece a Philo Vance?
(risas)... Si elegí a Philo Vance, es porque me pareció un tipo deslumbrante, aunque lo leí un poco tarde, por su dandismo... pijo no sería el término apropiado, mejor esteta. Zarco tiene que ser culturalista, al parodiar esa literatura con exceso de culturalismo que nos impide ver lo real. Cuando uno está manejándose contínuamente entre referencias literarias, pictóricas musicales, eso a veces te puede ayudar a ver mejor lo que ocurre en lo cotidiano, pero a veces es un filtro que hace imposible captar con sensibilidad lo que ocurre.
Ese rasgo del personaje está muy relacionado con ciertas críticas que me hubiera gustado hacerle a la literatura. Y, desde luego, Zarco tiene que ser Philo Vance, y no Mike Hamér, Que es para mí un fascista repelente. Al que no puedo soportar.
¿Por qué elegiste el escenario de una pequeña casa de vecinos?
Había trabajado en novelas anteriores con el microcosmos familiar. El microcosmos familiar es muy rentable. Rentable, porque se pueden dar contradicciones de género, generacionales ... pero es muy difícil que se den contradicciones de raza o de clase. Entonces, trabajar con la comunidad de vecinos me permitía trabajar con esas contradicciones que en otras novelas mías anteriores habían quedado un poco apagadas. Además, éste es un espacio privilegiado para sacar a la luz muchos problemas que nosotros vivimos cotidianamente.

nuestro colaborador: José María, con Marta Sanz
foto(c): Ignacio Sánchez González
¿Y ese cambio tan brusco entre la calle gris y la casa llena de color?
Zarco lleva unas gafas oscuras por la calle, lo que hace que lo vea todo gris, hasta que llega a la casa y se quita las gafas. Entonces él se deslumbra ante la mujer fatal de esta novela que es Olmo, Que hace las veces de distractor del detective.

Marta Sanz
foto(c): Ignacio Sánchez González
¿Por qué centraste en Luz la segunda parte de la novela?
Elegí a este personaje en particular , porque tengo que decir que empecé esta novela escribiendo la parte central dónde habla Luz. El embrión de la novela es el diario de la paciente del doctor Bartoldi.
Es una mujer que está en esa comunidad , con tantas contradiciones , con tanta violencia, Con tantísima agresividad; viviendo un período de su vida muy especial, porque está en el climaterio, en la menopausia . Ella se siente físicamente bastante disminuida, lo está viviendo muy mal, viviéndola como una situación muy traumática.
Primero escribí donde salen todas las tropelías que comete Luz, que escribe Luz. Después articulé la primera parte y a continuación la tercera parte, donde se resuelve la historia.
En cualquier caso para vulnerar esas reglas tan rígidas del género negro, relgas que tienen que tener al lector contínuamente enganchado, no aburrirlo jamás, con un concepto del aburrimiento que a mí me parece espúreo... Yo quería que en el centro de la novela negra hubiera un gran paréntesis, usando una metáfora sexual, que hubiera un gran coitus interruptus: en la primera parte está Zarco, investigando, entrando en todas las viviendas, preguntando, el lector tiene su espacio para hacer sus hipótesis ¿será el del primero? ¿será el del tercero? ¿qué habrá pasado
con esos dos marroquíes? Y de repente esa dinámica de lectura se suspende, y el lector se ve forzado, obligado, a preguntarse ¿ y esto por qué? El lector se ve obligado a preguntarse no sólo por quién es el asesino, o por que ha podido pasar, sino que se ve obligado a hacerse preguntas sobre el funcionamiento del género, sus estrategias retóricas y las maneras de articular la trama. Ése es el espacio en el que a mí me gusta moverme. A mí me interesa mucho la novela política, y para hacer novela política hay que conocer el precio de las patatas pero también hay que cuestionarse permanentemente las estructuras retóricas con las que trabajamos y hay que cuestionarse contínuamente los moldes y qué nos está permitido hacer a dónde podemos llegar y qué manera tenemos de trabajar con los límites entre los géneros. Partiendo de la base de que los escritores no podemos solamente ser bufones, los escritores no somos sólo unos señores y unas señoras que estamos ahí para entretener a un público lector que tiene que ser complacido y satisfecho a cualquier precio sino que es otra cosa; si ser escritor tiene alguna función, es la de meter el dedo en el ojo al lector.
¿Cómo es que presentas a Claudia, el personaje de la escritora, como fea y poca cosa ...?
(Risas) Es fea y poca cosa, si recuerdas, desde el punto de vista de Zarco, que es esteta y homosexual, y yo creo que un poco misógino, en ciertos aspectos. Pero sin embargo, cuando Paula va a la comunidad, se encuentra con que esa visión que había recibido de Claudia Gaos, de la escritora, no se parece a la chica que ve. La visión que tienen los personajes del personaje de Claudia Gaos nos permite entender como el punto de la vista es algo fundamental en esta novela.
¿Consideras como tu personaje Claudia Gaos, que las novelas policíacas son basura?
(gestos de indignación y risas) Eso lo dice Claudia Gaos, que es un poco el paradigma de un arquetipo novelístico, que es el del escritor que no escribe lo que quiere escribir, no escribe lo que cree que debería escribir, sino que escribe lo que el mercado necesita. Porque sabe que ésa es la única manera, muchas veces, de poder seguir manteniendo la posibilidad de escribir. Claudia Gaos es el paradigma del escritor que ejerce la autocensura, que es una cosa que creo que está haciendo muchísimo daño a la literatura española. Porque quiere seguir escribiendo y sin embargo lo sigue haciendo con la mala conciencia y la insatisfacción de no hacer lo que cree que debería hacer. Ha habido algún lector que ha dicho que todo Black, black, black primera, segunda y tercera parte, han salido de la pluma de Claudia Gaos.
¿Hasta qué punto eres Culpable de tus ficciones?
Todo el mundo es culpable de sus ficciones, todo el mundo es responsable de lo que escribe.
¿Culpable o responsable?
Responsables y culpables, por que hay gente que perpetramos determinadas acciones literarias que son muy, muy censurables. La culpabilización es un grado más de la responsabilidad. Pero la idea es que la literatura no es inofensiva. Que cuando uno coge el papel y el lápiz, o el teclado del ordenador para escribir un texto, tiene que ser muy consciente de que ese texto va a tener un reflejo en la sociedad, uno tiene que ponerse a escribir cuando tiene algo que decir, y que eso llega a una comunidad y que eso que tú aportas a la comunidad no es nunca música ambiente, nunca es inofensiva. Toda la literatura es ideológica, toda la literatura está conformando unos valores. La literatura está perpetuando y legitimando unos valores, una serie de conductas o proponiendo otras. Cuando nosotros escribimos tenemos que ser muy conscientes de eso, ya que la literatura no deja de ser una forma de acción de la que tenemos que responsabilizarnos, y a veces culpabilizarnos.
¿Por qué introduces la habitación de las mariposas en tu novela?
Es uno de los elementos de la novela que intentan extrañar lo real cotidiano. Además del género negro me fascina el género de terror. Dentro del género de terror aprendí esa consigna de Freud, que decía que lo siniestro es lo que está escondido y que el terror es ese género que hace extrañas las cosas familiares. En esa comunidad convencional, de una ciudad que seguramente es el centro de Madrid, necesité introducir algún instrumento que me permitiera ver que todo está enrarecido. Esa habitación de las mariposas, es algo que está oculto dentro de una casa convencional y hace que tengamos que ver esa casa con ojos totalmente diferentes. Con una mirada siniestra. Eso que ocurre con la habitación de las mariposas, puede pasar también con el diario de Luz, con los momentos en que ella habla, de los niños y de esa madre tan agresiva con los niños. Ella saca metáforas de los cuentos infantiles. Del lado más siniestro y perverso de los cuentos infantiles, pero todo tiene que ver con esa idea totalmente freudianan referida al género de terror en la que la realidad se vuelve totalmente extraña y las cosas que vuelven extraña la realidad son la injusticia, la mezquindad, el egoísmo y todas las consecuencias del sistema económico en el que estamos viviendo.
¿Cuál es el Papel de la violencia en tu novela?
En Black, black, black hay munchos niveles de violencia, trabajados desde la propia violencia del texto, a través de esos discursos de seducción que son cautivadores para el lector, que sin embargo son violentos, están imponiendo una manera de mirar, una manera de leer, desde ese nivel de violencia, hasta el propio nivel de violencia que se establece en las conversaciones entre Zarco y Paula, que son dos personajes que interactúan violentamente porque se quieren mucho, pero al mismo tiempo no se quieren nada, y por lo tanto siempre quieren quedar uno por encima del otro, utilizando el relato como forma de dominio. Y luego hay otros niveles de violencia, como son la violencia que podemos encontrar todos los días en los periódicos: la xenofobia, la violencia contra las mujeres, los niños, contra los viejos, . todos esos espacios de violencia con los que desgraciadamente cada día estamos más familiarizados y contra los que estamos cada día más inmunizados, y eso es lo terrible.
¿Terrible, por qué
Pues no sé. Porque tenemos que vivir. Estamos en el sistema en el que estamos, y porque los medios de comunicación hacen grandes esfuerzos para normalizar situaciones que son totalmente anómalas, para convertir en espectacular cosas que tendrían que ser rechazables. Cuando la noticia se convierte en espectáculo me parece aterrador, sobre todo en la televisión. Y creo que el contrapunto a esa voz tiene que estar en la literatura.
En tu novela aparece mucho la Sordidez ...
Hay sordidez, y es esa sordidez que ya casi nos pasa desapercibida, en la vida cotidiana, la sordidez de un viejo que vive solo o la sordidez de dos viejos que viven solos y ya no se pueden soportar, el uno al otro, y no es porque no se quieran, sino por que ya no pueden con su cuerpo. La sordidez de cómo una madre da de comer a sus hijos porque ya está harta.
La mezquindad es el motor de la novela, más allá de todo lo que el lector pueda percibir.La novela es muy sensorial, con muchos referentes culturales, pero lo que mueve toda la trama, lo que motiva, es esa sordidez que se haya en la novela en todos sus planos. Lo que arrastra a las acciones criminales de los personajes es la mezquindad.
Es la mezquindad y es el dinero, que es lo que mueve todo en este mundo.
¿Qué nos puedes decir sobre el estilo en tu novela?
Lo de las llamadas telefónicas fue para mí, cuando estaba escribiendo la novela, un descubrimiento. Me dí cuenta que estos dos personajes tenían que hablarse por teléfono, porque en esas conversaciones telefónicas se iba a expresar la violencia, y como cada uno quiere quedar por encima del otro: con lo que cuenta, con las trampas del discurso, con las trampas de la ficción. ¿Por qué se pueden hacer trampas? Entre otras cosas porque uno no ve lo que hace el otro. No comparten el mismo lugar físico a lo largo de la novela. Van por separado a los mismos espacios pero los ven de distintas maneras y ellos utilizan ese desequilibrio ese no compartir para manipular el relato y manipularse el uno al otro. En el caso de Zarco está muy claro, pero en el caso de Paula también queda claro.
¿Es Koetze también tu escritor de cabecera?
A mí Koetze me resulta un autor totalmente fascinante desde que leí Miseria, un escritor con una capacidad de penetración en esa violencia soterrada de la realidad, tremebunda. Luego leí Hombre lento, que me pareció una maravilla, y ahora tengo ganas de leer Verano, que todo el mundo la ha puesto por las nubes.
¿Cuál es tu personaje favorito de la novela?
Es algo muy difícil,por lo que voy a intentar contestar lo mejor que pueda. Mi personaje favorito de la novela es Luz Arránz, es la que tiene más voz creo que es el personaje más imaginativo, es la que mejor utiliza las trampas de la ficción y tiene una visión muy personal de la escritura como forma de purgación y de sanación. Creo que es el personaje mas irónico y probablemente el personaje más sensible. Además se parece a Simone Signoret, que eso es ya lo más ...
Tus mujeres sufren mucho ....
Sí, aquí la literatura funciona como la vida misma, las mujeres sufren y hacen sufrir. Esto no se me había ocurrido, pero ten en cuenta que yo escribo todas mis novelas desde un punto de vista femenino, no me puedo liberar de lo que soy, ni de mi extracción social, debe ser que yo veo las cosas desde ese primer plano, y desde ese primer plano sufriente, que a lo mejor tiene que ver mucho conmigo.
¿Y es también una novela de amor?
Es una novela de amor entre distintos personajes, amor y seducción. Me atraía mucho de esas parejas del género negro, eso que se usa continuamente y que se dio en llamar tensión sexual no resuelta: hay un chico y una chica que trabajan juntos, parece que tienen muchas afinidades pero ella tiene sus líos por su lado y él los suyos. Pero hay un contínuo tira y afloja. En el caso de los personajes de mi novela, Paula y Zarco, ellos tienen esa tensión sexual totalmente resuelta, sin problemas. Y eso les genera una serie de agravios importantes. Por un lado esa historia, con una serie de cuentas pendientes, de la mezquindad que pueda haber en el amor, en el egoísmo, el miedo a perder a la persona que nos quiere, y eso, aunque no sintamos ninguna atracción sexual por ella. Todas esas cosas que forman parte de la bola de pelusa del amor.
Luego está la historia de amor homoerótico entre Zarco y Olmo. Es un amor difícil de digerir desde fuera no porque sea homosexual, sino por la diferencia de edad, porque Luz lo acepta de una forma más o menos natural, y luego hay otras historias de amor, como la que más me gusta a mí, la de Luz y su doctor Bartoldi, La historia de amor platónico de esta mujer que empieza a no sentirse mujer porque no menstrua, es una tontería, pero a ella le pasa, entonces necesita esa especie de amor libresco , psiquiátrico, que tiene con el Bartoldi este.
¿Cuál es el rol de Paula frente a Zarco?
Zarco no ve. Zarco no puede ver por dos motivos fundamenttales: uno, está enamorado y el amor puede ser como una loncha de jamón de York que anula completamente la visión de la realidad; y dos, es excesivamente culturalista, él no está viviendo la realidad de esa escalera. Él lo que está viviendo son montones de novelas negras y montones de películas y montones de fotos fijas de actrices de Hollywood, que nada tienen que ver con esa escalera. Pero no está viviendo esa escalera, no tiene ninguna capacidad de empatía. Paula ve, porque no es culturalista, porque tiene capacidad de ser piadosa, algo que en algún momento se dice. Es compasiva y se puede meter en el pellejo de la gente. Y en algún sentido funciona como el comisario Maigret de Simenon, como ese comisario que entiende tan bien las razones de los personajes para cometer malas acciones o acciones delictivas, que se compadece de ellos, es un ser sufriente. No es un ser que barra la casa y que extirpe el mal de la sociedad y que se quede a gusto con ello. Es un personaje que entiende tan bien las razones, en el mundo en el que vivimos, para ser mezquinos y malos, para tener necesidades terribles que nos lleven a cometer delitos. Es un ser sufriente. Paula encubre su dolor por el abandono del hombre con violencia.
Intenta convencer a lectores de novela negra que lean este libro de alguien que no había escrito novela negra
(Risas) Maticemos eso de que yo no he escrito novela negra. Yo creo que siempre he escrito novelas negras, eso sí, atípicas, por ejemplo en esta novela el lector no va a encontrar policías. Va a encontrar una serie de señores que son los “armadillos”, a los que cita Luz: de repente llegan y de repente se van, y que parecen personajes de zarzuela. Yo siempre he escrito novelas negras por los ambientes, las atmósferas y el afán de denuncia social. Lo que pasa es que en ésta es en la que se utilizan los estereotipos del género, aunque sea dándoles la vuelta de tuerca tremenda, de que la mujer fatal sea un muchacho de 19 años, de que el detective sea homosexual. Pero lo que puede ser más estimulante para los que no han leído Black, black, black es que sí he sido una gran lectora de novela negra.
¿Cuáles son tus planes de futuro?
Estoy pensando en otra novela con Zarco y Paula, pues me apetecería escribir cosas con Paula y Zarco. Pero al mismo tiempo todas las novelas que escriba tengan por una parte una denuncia social y al mismo tiempo sean una crítica del género, a sus vulnerabilidades, a las repeticiones … Encontrar una estructura narrativa que me permita eso es muy difícil, porque no quiero que Zarco y Paula sigan hablando por teléfono. Sería por mi parte una cosa muy cómoda, y muy aburrida. En eso estoy dando vueltas. Me molestan los autores que encuentran un molde y lo repiten y repiten. Estoy en contra de ese tipo de lectura, en el que el lector ya sabe qué se va a encontrar. Quiero que el lector se encuentre con algo que le choque.
Esta entrevista se llevó a cabo en Madrid, en el domicilio de la entrevistada, el martes 4 de Enero de 2011.
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