Entrevista: Jeronimo Tristante
Por Sergio Vera Valencia - fotos © Zeki /octubre2010

Jerónimo Tristante (Murcia, 1969) escritor de vocación y profesor de biología por obligación, está considerado como el principal representante de la novela enigma en España. Historia y misterio se dan la mano en sus obras, logrando mantener en vilo al lector hasta la última página, aunando magistralmente calidad literaria, cultura y entretenimiento. De entre todas sus publicaciones, destacan, por méritos propios, las protagonizadas por Víctor Ros, trasunto del célebre detective consultor afincado en el 221 B de Baker Street, que tendrá que lidiar con los casos más enrevesados de la España decimonónica. Y aprovechando que Jerónimo, agitador de masas donde los haya, ha sido invitado a tomar parte, junto con el inefable Pedro de Paz, en unas charlas literarias con los miembros del Club de Lectura de Novela Negra del Centro penitenciario de Cuenca, lo hemos secuestrado a punta de grabadora.
Han transcurrido más de tres años desde que viese la luz el Misterio de la Casa Aranda, la primera entrega de la serie de Víctor Ros, con la que te diste a conocer al gran público. ¿En qué aspectos de tu vida personal y profesional ha repercutido el éxito de la novela?
Jerónimo Tristante: Bueno… el término éxito es muy relativo, porque yo tuve sensación de éxito el día que aprobé mi oposición o cuando tuve a mi hija. Lo de La Casa Aranda yo no lo considero un éxito. Está bien, porque hay un momento puntual en que lo que estás haciendo en el mundo de los libros te sale bien, pero no le doy más importancia que eso, porque en el mundo literario todo es muy efímero, y también hay que ser realista y saber que una cosa te puede salir bien hoy y mañana te salen cuatro mal. Y, de hecho, es así, por cada una que te sale bien te salen cinco o seis mal. Entonces, yo no he percibido una sensación de éxito “macroscópico”. Bueno, en Murcia si soy más conocido, al ir por la calle la gente me conoce, y me dice ¡ay, he leído tu libro y me gusta mucho! Pero en España en general no me reconocen por la calle, con lo cuál tampoco he tenido la sensación de tener un grandísimo éxito. Sólo soy una persona con suerte que hace lo que le gusta y se lo pasa bien. Y luego hay otra cosa buena de escribir… y es que en España, en general, los escritores no son muy conocidos. La gente por la calle no reconoce a Zafón, por ejemplo, conocen sólo a Pérez Reverte… entonces aunque tuviera mucho éxito, eso no repercute demasiado en tu vida, en tu día a día… cosa que está muy bien porque te puede permitir tener éxito entre comillas, entendiendo por éxito el conseguir lo que tú quieres, pero sin que eso repercuta demasiado en tu vida diaria o personal.
A propósito de... la Casa Aranda, ¿entraba dentro de tus planes el que esa obra fuese el inicio de una saga?
J T: Sí, desde el primer momento. El personaje se me ocurrió en una novela que todavía no he publicado, llamada Arcana Dei, los secretos de Dios, que es un código Da Vinci, y en ella había un pequeño flash-back en el Siglo XIX , en Madrid, en el que ese personaje iba a Murcia… por cierto, desaparecía allí, y por eso en La viuda negra hay una gitana que le dice:¡No vaya usté a Murcia! Cuando le lee la mano. Y pensé desde el primer momento que era un personaje con el que quería contar esa época …a lo mejor fue poco humilde, porque luego me he dado cuenta de que no es tan fácil escribir una serie… pero desde el primer momento pensé que sería mi detective, el detective de mi serie. Mi Alatriste. Un personaje al que volver siempre, para descansar de otras novelas. Lo que pasa es que tuve suerte, porque desde el primer momento la editorial estaba de acuerdo con que fuera una serie, aunque estaba condicionada a que enganchara bien el primero. Como el primero fue bien, enseguida sí que quisieron más.
Ahora una más enrevesada, de las de... qué fue antes, el huevo o la gallina. A sabiendas de que Conan Doyle se inspiró en Auguste Dupin, el mítico personaje de Edgar Allan Poe, para crear a Su Sherlock Holmes, y de que éste, a su vez, se basó en Vidocq para hacer lo propio con su detective, ¿en quién lo hiciste tú para concebir a Víctor, en el huevo o en la gallina?
J T: Me basé sobre todo en Holmes. Empecé a escribir las novelas de Víctor Ros porque el personaje me gustaba, me parecía muy interesante. Presupuse que era un detective que a la gente le podía gustar, con cuatro características que yo le di…… y acerté, pero a la gente podría no haberle gustado. Es un Holmes a la española, porque cuando terminé de leer el cánon (las obras de Holmes escritas por Conan Doyle), pues lo releo periódicamente, me dieron ganas de que eso siguiera, me daba pena que se acabara y empecé a escribir. Me pareció poco humilde, me daba terror hacer un “pastiche” utilizando al propio Holmes, porque es una cosa muy sagrada para mí, así que me inventé un Holmes a la española, que tiene cosas distintas de Holmes pero se parece mucho. Y no sólo el personaje, sino también el lenguaje, el husmillo. Intento emular esos relatos holmesianos.
¿Cuánto hay de folletín decimonónico en la literatura de Jerónimo Tristante?
J T: Mogollón, porque me gusta mucho, me vuelve loco el folletín (…).
Pedro de Paz: ¿Mogollón, mogollón, qué académico! (risas).
J T: (…) Muchísimo, cuando tengo tiempo para leer, y leo lo que me apetece, lo que más me relaja es un folletín. Me encanta ver como los autores eran clarividentes a la hora de utilizar los recursos literarios básicos que enganchan a la gente, al lector sencillo. Me parece que tenían una habilidad extraordinaria.
¿Qué otros escritores han influido en tu prosa?
J T: Del folletín, el que más me gusta es Wilkie Collins, para mí es el mejor. La piedra lunar, La dama de blanco…y luego tiene un montón que están muy bien como El Hotel encantado….Tiene muchas, pero las mejores son La dama de blanco y La piedra lunar. Y Dumas.
Un aspecto característico de tus obras, tanto en la serie de Víctor como fuera de ella, es su cuidada ambientación histórica. ¿Cuánto tiempo dedicas a labores de documentación?
J T: La verdad es que dedico bastante. Cuando estoy escribiendo una novela, cuando me relajo, me estoy documentando sobre la siguiente…sobre temas que me interesan para la siguiente. Ya me estoy comprando libros, mirando cosas y tal. …. No lo puedo contabilizar, porque no lo sé…. Es una cosa que se alarga mucho en el tiempo. Leo una temporada sobre un tema, y luego lo retomo, pero sí que dedico mucho tiempo a leer sobre la época, la ciudad o el entorno en que voy a ambientar la novela.
¿Cómo es y cuánto dura el proceso de gestación de uno de tus partos literarios?
J T: En escribirlas tardo poco, dos meses como mucho. Por ejemplo, ésta última he tardado dos años, porque la he cambiado casi entera, pero en escribirlas tardo poco. En gestarlas más, porque voy pensando en ella a lo largo de mucho tiempo. Tengo varias ideas en mente, y de repente me salta el chip y se me ocurre otra. Estoy un día en la sala de espera del dentista, me aburro y me pongo a pensar…., Ahora mismo tengo ideas para tres o cuatro novelas. y continuamente se me van ocurriendo ideas nuevas. Ayer, sin ir más lejos, se me ocurrió una buena idea para el posible cuarto Víctor Ros. Van surgiendo, van surgiendo y cuando llega el momento de escribir la novela, las vomito todas. No suelo tomar muchas notas, tampoco sobre la ambientación, lo que hago es que leo, leo y leo, hasta pintarme un fresco en la mente , meterme toda esa información en la cabeza y luego cuando vomito la novela, como ya me he situado yo en ese contexto, pues entonces me sale. No suelo hacer muchas fichas, y sólo tomo algunas notas puntuales de cosas que sí que quiero que salgan, pero nada más.
¿Cuál ha sido el más doloroso? ¿Y el más placentero?
J T: El más doloroso, el último. Vi la novela de una forma…y luego le he dado otra, lo he reestructurado todo. Entonces he estado mucho tiempo trabajando en la misma novela… y eso me aburre un montón, porque a mí me divierte mucho ambientarme y escribir pero corregir no. Me aburro mucho. Y, en la que mejor me lo he pasado, creo yo, es en una novela de vampiros que aún no he publicado, que se llama Océanos de tiempo. Con esa me lo pasé como un enano, porque además la escribí a la vez que esa que me ha costado más trabajo porque está ambientada en el valle de los caídos, entonces estaba un poco más constreñido por la realidad, la documentación y la trama. es una novela más seria. Y la otra, al ser una especie de folletín decimonónico, una novela romántica vampírica de fantasía, te permite adornarte más, divagar y salirte por los cerros de Úbeda. Y, claro, me resultó muy placentero, era un relajo con respecto al otro trabajo, más ortodoxo y profesional.
Dime, tras recorrer Madrid en El Misterio de la Casa Aranda, Córdoba en El caso de la viuda negra y Barcelona en el Enigma de la Calle Calabria, ¿qué otros destinos esperan a Ros en futuras entregas de la saga? Cuéntanos qué nos tienes preparado….
J T: En la cuarta, probablemente Italia. Florencia, Torino, y quizá Venecia. Y en España, no sé si en esa o en la siguiente, tendrá que ir a Oviedo y probablemente a Bilbao. Bilbao en el siglo XIX es una ciudad interesante también.
¿Sabremos algo más del Sello de Brandenburgo, esa suerte de embrión de la INTERPOL que tanto ha ayudado a Víctor en más de un momento peliagudo ¿
J T: Sí, sí, porque la siguiente novela, la cuarta, arranca con una cosa que pasa con Elisabeth, el Moriarti de Víctor Ros, que ahora se llama ya Bárbara Miranda, y se encuentra custodiada por el Sello de Brandenburgo.
PEDRO DE PAZ: Te estás planteando, en un momento dado, el hacer caso a los lectores, y hacer confluir a Ros con el que sería su padre literario, el señor Holmes?
J T: Sí, tengo pensado que en otra entrega, Víctor Ros vaya a Nueva York, una ciudad que me parece muy interesante en el Siglo XIX. Y antes de poner rumbo a Manhattan, pasará por Londres e interactuará con Holmes.
P d P: ¿Será un cameo?
J T: Sí, será un cameo, porque no quiero sacar a Holmes en toda la novela.
Aparcando a Ros por un instante, el año pasado te tomaste un respiro en la serie y publicaste la que, en mi opinión, es tu obra más ambiciosa hasta el momento: 1969. En ella, la acción se trasladaba a la Murcia del tardofranquismo, y presentabas a Julio Alsina, un policía fracasado y alcohólico, adicto al Licor 43, un antihéroe más propio del hard boiled que de la novela de misterio a la que nos tienes más acostumbrados. ¿Protagonizará Alsina otra serie paralela a la de Ros, o das su historia por finiquitada con 1969?
J T: Al principio, casi todo el mundo que leía la novela me preguntaba si iba a ser una serie, pero, de momento, no tengo pensado que así sea, porque concebí esa novela con un comienzo y un fin. En principio, no creo que lo haga.
(Atención, spoiler)
Sí que tengo margen para hacerlo si quisiera, porque al final de la novela vemos un Julio Alsina que vuelve a España después de la Transición. Por tanto, entre el momento en que se escapa en 1969, y el año en que reaparece, … tengo un montón de años en los que está en el extranjero y puede ser requerido para investigar algún caso.
(Fin del spoiler)
En cualquier caso, si se me ocurriera alguna idea buena, lo haría, pero de momento no tengo intención de hacerlo, porque tengo muchas cosas por hacer y no tengo tiempo.
Por cierto, supongo que te lo habrán dicho otras veces, pero tienes madera de showman. ¿No has pensado nunca en escribir alguna obra de género humorístico?
J T: Sí, tengo una novela impresentable que se llama Estulticia, de apenas setenta páginas, una barbaridad. Ni siquiera es una novela, sino más bien una sucesión de sketches. Además he escrito algún monólogo y sí que he pensado en hacer algo humorístico, pero con este género pasa lo mismo que con la novela negra hace quince años, que si no te llamas Tom Sharpe , quitando Eduardo Mendoza, las editoriales no se interesan mucho por las novelas humorísticas. Es muy difícil, porque el mundo editorial tiende a encasillarte en un género determinado: En el thriller, la novela histórica, la novela de misterio con ambientación histórica…. y en cuanto tú te marques una novela de desparrame ambientada en la época actual, humorística, ácida y tal…pues no lo ven muy claro. Por lo tanto, no es fácil…pero sí, sí que me gusta, de hecho, me lo dicen muchas veces. Por ejemplo, voy mucho a dar charlas a los institutos, y el año pasado, en una clase en que habían leído uno de mis libros, levantó la mano un chaval y preguntó : ¿Y no ha pensado usted en hacerse humorista? ¡Porque nos lo estamos pasando bomba! (Risas).
¿En qué otros proyectos literarios, aparte de la cuarta entrega de las aventuras de Ros, te encuentras inmerso actualmente?
J T: Acabo de terminar la novela ambientada en el valle de los caídos, y tengo otra idea para una especie de secuela, o más que secuela sería precuela, protagonizada por uno de esos personajes en el Madrid sitiado. También tengo una novela de terror que me gusta mucho, de la que escribí unos veintitantos folios, ambientada en una localidad en el norte de Estados Unidos, que no la encuentro…porque se me rompió el ordenador, pero que me gusta muchísimo (risas).Y bueno, tengo varias ideas más. Una novela histórica que también tendría algo de thriller , localizada en Flandes. En fin, tengo ya recogido mucho material y he leído sobre el asunto, … pero lo que me falta es tiempo para escribirlas todas.
¿Qué es eso de la Generación Torrezno? ¿Se trata, como dicen por ahí, de alguna forma de logia judeomasónica creada a fin de acabar con la novela negra sueca?
J T: Sí, bueno, es una respuesta lógica que se tiene que producir a todas estas gilipolleces de generación Nocilla, y antes la generación X y ahora la invasión nórdica, con la que la crítica tiende a encasillar a una serie de gente bajo una denominación común. Por eso, a un grupo de amigos que escribimos (concretamente Juan Ramón Biedma, Carlos Salem, y los dos encuestados), algún desaprensivo nos bautizó como la Generación Torrezno (risas). Y creo que refleja muy bien lo que nosotros somos. Gente sin la pretensión de ir de nada, de dárnoslas de intelectuales, sino que somos tipos absolutamente normales que hacemos lo que nos gusta: contar historias. Y creo que eso está muy bien, la antítesis del tipo este que sale con bufanda, gafitas y pajarita en la tele diciendo que es un intelectual, porque escribe y asusta a los lectores. Nosotros surtimos el efecto contrario.
Y, para terminar, unas cuántas preguntas de las de blanco o negro, para que te mojes. Ah, y un aviso, no se admiten grises ni pasopalabra, ni mucho menos pulpo como animal de compañía, ¿estamos?
J T: ¡La gallina! (risas).
Vamos allá: - ¿Lectura o literatura?
J T: Pfff, yo creo que lectura. Prefiero lectura que literatura, porque la palabra literatura me parece muy rimbombante, y una de las cosas que más rabia me da precisamente es que en este país la gente lea poco porque se asusten por este rollo cultureta y determinadas obras que se supone que hay que leer y que a la gente le aburrían mortalmente. Entonces, yo prefiero lectura que literatura, aunque literatura es un término fantástico, pero tiene unas connotaciones más académico-sesudas que no me gustan. Prefiero lectura. Lectura, divertirte, leer, evadirte.
¿Novela histórica o de misterio?
J T: Pues…las dos. A mí me gusta más la histórica, pero la de misterio me gusta mucho también, me gusta la novela enigma. Soy un cotilla patológico y me gusta sentir curiosidad, pero también me gusta viajar en el tiempo… y por eso intento hibridar los dos géneros.
P d P: Total, novela de misterio de ambientación histórica (risas).
¿Agatha Christie o Raymond Chandler?
J T: Mmm pues me lo pones muy difícil. No soy un gran seguidor de Agatha Christie, pero estoy más cercano a la reina del crimen que a lo que hacía Raymond Chandler. De todas formas, algunas cosas de Agatha Christie sí que me gustan muchísimo. Así pues, Agatha Christie, pero con matices.
Esta larguísima charla-coloquio tuvo lugar el Sábado 3 de septiembre en Cuenca, a la salida de la mencionada institución Penitenciaria.
Fuego cruzado
Gris de campaña
Un hermoso lugar para morir
Ocho millones de maneras de morir
Reina del crimen
La resurrección de los muertos
Rosa sangrienta
Todo está perdonado
La última causa perdida
Voces que susurran 