entrevista
Javier Perez
Por:José María Sánchez Pardo /abril 2011 - fotos ©

Javier Perez
En 2006 aparece una novela sorprendente : La crin de Damocles, con un comisario de la policía política de Munichh ... que se propone detener a un tal Adolf Hitler. Este libro firmado por un tal Javier Pérez, inicia una de las mejores series, escritas por un autor español, situada en el turbulento Munich de los años veinte del siglo pasado. En 2008 se publica La espina de la amapola, y en 2010 El gris. Esta serie de novelas logra algo poco habitual, desarrollan sus tramas en un escenario históricamente apasionante, sin desatender una tensión detectivesca que consigue enganchar al lector. Teníamos muchas ganas de hablar con el autor que se ha ofrecido amablemente a desentrañar algunas de las claves de esta serie de novelas policíacas que han resultado de las más interesantes entre las editadas en los últimos años.
¿Dónde naciste, qué estudiaste, donde vives y a qué te dedicas?
Soy zamorano de origen y de familia, aunque he vivido siempre en distintas localidades leonesas, como Villameca, La Bañeza, O León. En Villameva estudíe hasta los 8 años, en una de aquellas escuelas unitarias donde compartíamos aula y maestro todos los niños del pueblo,de todas las edades. Luego me fui a La Bañeza y finalmente hice empresariales en León, donde aún sigo. ¿Ocupaciones ¿ Todas, pero ahora me dedico al turismo rural, tratando de sacar adelante las Cumbres Borrascosas de Brañuelas, en la montaña leonesa de mis orígenes. Todo es circular. Y si no, elíptico.
¿Tus inicios como escritor?
Raros. Empecé como satírico, y en verso, a los catorce años en una revista local de La Bañeza. A partir de ahí, nunca he dejado de escribir en distintos periódicos, o relatos, novela y lo que se terciase en cada momento. Para ser escritor, creo, hay que escribir y tomárselo en serio. Lo primero, al menos, lo he cumplido siempre a rajatabla.
¿Cómo es que te pones a escribir novela policíaca?
Porque siempre he creído que la literatura es una prospección en la naturaleza humana y en pocos géneros es posible profundizar tanto en las luces y sombras de la psicología humana. La novela policiaca permite escenario, historia, psicología, sociología y sobre todo, ante todo, mucho realismo. Y eso es lo que me gusta.
¿La elección del escenario del Munich de la repuública de Weimar?
Hay muchos momentos y lugares mejores, pero en pocos se concentra una situación tan grave con una reacción tan enconada y radical por parte de un grupo de personas dispuestas a todo con tal de salir de la miseria. Munich en la república de Weimar es una especie de ojo del huracán donde se reunen las más duras y violentas pasiones de la vieja Europa. Las buenas, como la voluntad, y las negativas, como la violencia. Me pareció un escenario bisagra y por eso lo elegí. Para otros tiempos y lugares el autor necesita fijarse en detalles y usar lente de aumento. Munich en los años veinte ya se aumentaba sola.
¿Qué tiene la Alemania de entre guerras, que tantos autores: Jonathan Rabb, Philip Kerr, Marek Krajewski, o tantos otros han elegido esta época para ambientar sus novelas negras o policíacas?.
Yo creo que es la encrucijada de la historia. Es el momento en que los europeos, y Occidente en General, deciden como cultura y como civilización, qué quieren ser. En aquellos momentos, se debatía allí la elección entre el comunismo, reciente vencedor en Rusia, y la alternativa del fascismo. Difícil elección, por supuesto, y en ese conflicto hay siempre múltiples posibilidades.
¿El comisario Heinrich Muller está basado en algún personaje real? ¿Quien es ?
El comisario Müller es un funcionario puro. No tiene ideas. No tiene creencias, pero tiene ambición. Detesta a todo el que se opone al Estado y se emplea contra los enemigos del Estado con la máxima contundencia. Lo odian los comunistas, lo odian los nazis, lo odian los separatistas, aterroriza a los saqueadores. Es un hombre violento decidido a mantener la paz en un mundo que admira la violencia pero detesta la paz. Y sí: está basado en un personaje real. Terriblemente real.
¿Cómo se te ocurrió el tándem del comisario Heinrich Muller, tan poco amigo de los nazis, con su sargento Josef Meisinger, fiel correligionario de Hitler?
Porque el mundo real era así. Y Meisinger también es un personaje real, nazi, y policía. La policía, como cualquier organización humana, estaba llena de gente de todas las ideologías. Y la tensión que palpitaba en la calle se transmitía también a las comisarías.
¿Cuál es la parte histórica y la parte de ficción de tus novelas?
Procuro, en general, que la parte histórica sea el ambiente, las circunstancias, los condicionantes del momento. Procuro que los personajes de ficción y las tramas de mis novelas tengan que sujetarse a las condiciones del momento, sin caer en esa horrible trampa de juzgar los hechos de entonces con la moral actual. Para ello, hay que explicar al lector, o intentarlo, qué es lo que había entonces en el mundo real. Y en el caso de mis novelas sobre la república de Weimar, lo que había era hambre, humillación, miseria y la voluntad de revancha del que ha sido vencido y no se siente para nada inferior a quien lo venció.
En los personajes históricos de tus novelas, como es el caso de Herman Goering, ¿cuánto hay de ficción y cuanto de biográfico?
En los personajes históricos procuro que casi todo sea histórico. Todo lo que cuento sobre Göring, en la espina de la amapola especialmente, es histórico. Se hizo morfinómano por una herida, tuvo una maravillosa historia romántica con una condesa sueca, fue un gran aviador y se destruyó a sí mismo en una fiebre de megalomanía que le permitía seguir creyendo que el mundo valía la pena para luchar por él. Lo demás, lo que tiene que ver con las tramas de la novela, es inventado.
¿Cómo te documentaste para esta serie de novelas?
Pues leyendo libros, yendo a Munich y entrevistándome con gente de allí. Tengo que citar en especial a un amigo octogenario, ya fallecido, que me dejó claras muchas cosas. Y no sólo de los hechos, sino del modo de sentirlos en aquel momento. Con aquella época sucede un poco como con nuestra guerra civil: a fuerza de reelaborar los recuerdos, casi nadie sabe lo que pasó en realidad y por eso, por mi parte, trato de leer los periódicos de la época, no los que se escribieron cuando todo había acabado.
Delitos como los cortadores de cabelleras, que aparecen en la primera entrega de la serie, ¿están documentados?
No, ese concreto es ficción. Otros que menciono están documentados, pero las tramas policiacas prefiero que sean inventadas. No se trata de hacer una crónica, sino de escribir una novela, o así lo veo yo.
Los primeros pasos del partido nazi, ¿fueron tan complicados y delincuentes como lo muestras en La espina de la amapola?
Yo creo que sí. Los primeros pasos de todos los partidos al margen del sistema tienen que pasar por la clandestinidad. Ni el Partido Comunista tenía en aquellos momentos una financiación clara ni la podía tener el Partido Nazi. Hay que tener en cuenta que, aunque ahora nos parezca otra cosa, en aquel entonces el partido nazi estaba considerado un movimiento revolucionario y le costó tiempo llegar a captar dinero de las clases pudientes. Y como siempre, estos partidos no atraen a la clase dominante de ninguna sociedad, sino más bien a elementos marginales. El resto, está servido.
Además de los conflictos policíaco políticos hay una investigación sobre un asesino en serie. ¿Cuál es el papel de esta trama? Y el del asesino, que es básico en la tercera entrega de tus novelas?
Quiero que ese asesino sea el hilo conductor que una las novelas, que por lo demás, son independientes entre sí. El caso del asesino del estilete, que centra completamente EL GRIS, es el nexo de unión social, político y ambiental de las novelas, pero mientras en las demás novelas es circunstancial y no es necesario saber qué ocurrió, en EL GRIS es el caso central que ocupa la narración. La idea no es crear un adivinanza, sino poner al lector frente al conflicto personal que ese asesino supone. Por eso no oculto su identidad.
¿Cuál es el papel del pueblo de Munich? ¿Está representado en el personaje del zapatero Holzbock?...
Holzbock es el pueblo que sufre. El pueblo de Munich es la masa al estilo de Ortega. Gente que se ha quedado sin fines y sin medios, sin temor, sin esperanza y sin pudor. Gente que, como dice un personaje, acaba pensando que todo está permitido porque ya lo ha visto todo. Lo que yo quisiera que fuese el pueblo de Munich, y no sé si lo he conseguido, es una alegoría de todos los europeos de aquellos años. Los que en España nos llevaron a una guerra civil, en Alemania al nazismo y en Rusia a la revolución.
¿Ha habido alguna repercusión desde alemania de esta serie? .
Pues que yo sepa, algunas reseñas. Y algún intento de traducción que ya se verá en qué para.
¿La serie de Muller, ¿va a continuar?
No lo sé. Le preguntaré a Müller a ver qué dice…
Próximos proyectos editoriales.
Escribir. Lo que sea. Sobre cualquier cosa que me interese, o que contenga una idea que me mueva. Quizás trate de escribir algo sobre el secuestro de un político en el mundo corrupto actual, o una novela histórica sobre el enfrentamiento entre la civilización y lo arcaico, allá en tiempos de Roma. Ya se verá.
¿Quisieras destacar algo de tus novelas que no haya sido preguntado?
Si acaso que mi idea es evitar siempre el maniqueísmo. Que detesto las novelas en las que los buenos son siempre buenos y los malos son siempre malos. En mis novelas hay demócratas malos, nazis buenos, mendigos corruptos, asesinos románticos y gente que, según vengan dadas, se comporta de un modo u otro. Nada me parece tan lamentable como el carácter preestablecido, amante del tópico, de lo correcto y de lo esperable. Por eso dediqué EL GRIS a los maniqueos.
Esta entrevista se llevó a cabo en formato de cuestionario escrito mediante correo electrónico, la primera quincena de Abril de 2011.
Fuego cruzado
Gris de campaña
Un hermoso lugar para morir
Ocho millones de maneras de morir
Reina del crimen
La resurrección de los muertos
Rosa sangrienta
Todo está perdonado
La última causa perdida
Voces que susurran 