entrevista
Eugenio Fuentes
Por:José María Sánchez Pardo - fotos © Zeki /agosto 2010

Eugenio Fuentes es un escritor extremeño, que lleva casi veinte años desarrollando una de las series de novela policíaca más originales escritas en castellano: la del detective Ricardo Cupido. Tras la vorágine de estar presente en una mesa sobre dos de sus pasiones confesas: la literatura y el ciclismo, en la Semana Negra de Gijón, habla de sí, de sus filias y fobias como persona y escritor, derrochando inteligencia, sensibilidad e ironía, en lo que, más que una entrevista, resultó una charla apasionante y apasionada.
Gangsterera: Sobre sus orígenes… familiares y académicos
Eugenio Fuentes: Nací en 1958, en Montehermoso, un pueblo del norte de Cáceres. Y digo lo del norte de Cáceres por que en muchas ocasiones se tiene una idea de Extremadura como un paisaje único, llano, seco… El paisaje del norte de Extremadura que yo he visto en mi infancia es cinco meses de nieve en los picos de Gredos. Un paisaje montañoso con agua y árboles, muy distinto de la idea que tiene mucha gente de Extremadura.
Mi padre estuvo siempre relacionado con el mundo del campo, somos siete hermanos gente de campo de mediana capacidad económica.
Estudié Magisterio por Filología, luego la carrera de Filología Hispánica, y luego Filología Francesa, de la que me quedan unos veinte créditos para acabarla.
¿Cómo se inicia en lo literario?
Empecé tarde. En la adolescencia escribí poesía, pero las rompí eran muy malas; hice algo de periodismo de nula importancia. Empecé de verdad a los 26 años a escribir cuentos. Como se dice, yo vivía del cuento. Me presenté a muchísimos concursos de cuentos, me premiaron un par de docenas de ellos, y el destino natural era la novela. Las novelas empezaron en el 87, y ahí empecé a escribir ya con un cierto rigor.
¿Cómo fue la aparición de Cupido?
Aparece en mi primera novela: Las batallas de Breda, que no es una novela negra, trata de unos chavales que van descubriendo el mundo, el amor, la muerte, el sexo, las relaciones familiares… y había un chaval de trece o catorce años que se llamaba Ricardo Cupido, que nunca imaginaría convertirse en detective. Tiempo después aparecerá ya en El Interior del bosque en su faceta de detective.
¿Y el hacer novela detectivesca?
Ya sé que la frase es muy repetida, pero cuando me pongo a escribir El interior del bosque, no tengo ninguna conciencia previa de estar escribiendo una novela negra. Yo sólo quería escribir una historia de una mujer, que simplemente vive la vida con libertad, una mujer que no tiene compromisos con nadie y, de repente, en ese ejercicio de libertad, hace daño a alguien. Y además quería contar lo que hay en la calle y no está en los libros. En Extremadura también hubo escritores nacionalistas y regionalistas, como en Cataluña, País Vasco o en Galicia, en las décadas diez o veinte del siglo pasado. La imagen que transmitieron de una tierra seca Y parda, los tres grandes: Felipe Trigo, Gabriel y Galán, y Chamizo, no se correspondía con el paisaje que yo veo, con el de mi infancia, con el que yo me he emocionado. El marco de la novela es por un lado la biografía de una mujer y por otro un escenario mágico e inquietante… y parece que encajaron.
Puede explicarnos algo de los nombres que usa en sus novelas…
Breda, en la primera novela hay un tío que ha combatido en la batalla de Breda al que le busco un rostro en el cuadro de Velázquez. Con el dinero que consigue, edifica una cosa muy típica de Extremadura, una casona fortaleza, una especie de palacio-fortaleza alrededor del cual surgen edificaciones. Algo típico de Extremadura, bien sea por los botines de Flandes o de América y de ahí surge la futura ciudad de Breda.
Cupido, me arrepiento no haber saludado, por pereza y desidia, a una mujer llamada Adela Cupido, que durante muchos años fue alcaldesa de Puebla de la Calzada, de la que saqué el nombre de mi protagonista.
El resto de los apellidos los suelo sacar del Marca y del As, pero no de los jugadores que triunfan, sino de los que no han llegado… me cojo la lista de los de tercera división, porque esos tipos que no han llegado a ser estrellas también juegan, ahí está el ser humano.
Pero en cuanto a los nombres la realidad es increíble, en un viaje pasé por un pueblo llamado El porvenir de la industria… con esas realidades para qué te vas a liar en inventártelos.
En sus historias hay dos grandes escenarios: el campo y la ciudad.
Breda está a medio camino, ya no es un pueblo y por lo tanto tiene los vicios de un pueblo y los defectos de una ciudad, aunque al mismo tiempo tiene virtudes de pueblo y ciudad. A medida que pasan los años y las novelas, Breda es más ciudad y menos pueblo. Pero no soy nada hagiográfico, no creo que en los pueblos todo sea idílico, la provincia tiene un peso muy negativo sobre los personajes: el cotilleo, el mundo cerrado…
Lo rural tiene un peso importante en mis novelas. Yo provengo del mundo rural y allí he aprendido algunas lecciones estupendas que no me las han dado los libros. El trabajo y la disciplina son algunas de ellas. Y las mujeres rurales son admirables se levantan antes que nadie y se recogen las últimas.
En una de sus novelas afirma que el hombre del campo es una mezcla de hombre lagarto y mula.
EL hombre de campo es alguien con sensibilidad que aguanta como las mulas y sufre mutilaciones como los lagartos, pero también es astuto, engañón y revenido. En Las manos del pianista quise hacer un homenaje a la gente del campo y por medio de la madre de Cupido, a las mujeres, quizá porque me daba la sensación de que no iba a tener muchas ocasiones de hacerlo, las novelas derivaban cada vez más a lo urbano. Era una manera de fijarlo antes de que se me olvidase.
En sus relatos aparecen algunas escenas terribles con animales, como la escena del ciervo en El interior del bosque…
Es cierto, pero se han ido haciendo menos duras, ten en cuenta que yo provengo del mundo rural y luego he trabajado en pueblos y he visto escenas protagonizadas por adultos, escenas que por fortuna cada vez se ven menos. Esa dureza, esa brutalidad, se va diluyendo con los años.

En Contrarreloj hay una gran admiración por el campo francés.
Es admirable, es que en el campo español se ve cada cosa… un somier, una bañera… El campo no tiene porqué ser sucio y es que vas por Alemania o Francia y da gusto, el campo está limpio ordenado… De todas formas Breda está entre la sierra y la vega, tiene la ambigüedad del secano y el regadío, la misma ambigüedad del ser humano. Breda no es sólo un paisaje físico, es un paisaje moral. Se pasa de la zarza al césped, de la víbora a la garza, Breda también tiene su campo francés.
Parece dispensar una gran admiración por Simenon
Me parece que es de lo mejor que hay en novela negra. Sobre todo las de Simenon, en las que el tío se va al interior de Francia, a la Francia profunda, en lugar de quedarse en el Quai des Orfebres. Y eso que me resulta literariamente muy seco. Yo es que soy muy barroco escribiendo. Me encanta el Maigret que se mete en la Francia profunda casi decimonónica. Hoy no lo he dicho en la mesa, (habla de su presentación en la Semana Negra 2010 de Gijón) pero también hay un homenaje al Maigret, que antes de inspector fue guardia ciclista.
El único libro citado en sus novelas es de Landero …
Cuando apareció Juegos de la edad tardía, de Luis Landero, en Extremadura, y en toda España, fue un deslumbramiento, con una manera de escribir en la que el rollo de las fincas y encinas, ya no hacía falta se podía escribir de otras cosas y siendo de Alburquerque, donde se rodó Los santos inocentes, ¿por qué hay que citar novelas? Si la novela es la vida…
¿Cuál es el peso de las tramas y los personajes en sus novelas?
Creo que todo el mundo tiene una historia e incluso varias historias que contar. Se me acercan lectores que me cuentan historias, alucinantes, que si las pones en una novela son difíciles de creer. Pero ¿quién pasa a la historia de la Literatura? ¿los que cuentan historias increíbles, graciosas o interesantes o bien los que crean personajes? ¿Por qué recordamos El Quijote, por los molinos o por don Quijote? Las grandes novelas son obras de personajes, así recordamos a Edipo o a Hamlet. ¿A quién le interesa lo que le pasa a Hamlet, sino recordamos a Hamlet?… yo no escribo una novela hasta que no tengo tres o cuatro personajes rondándome por la cabeza y los pongo en una situación dramática. La clave, lo que le da marchamo de calidad a una novela, son los personajes. Me esfuerzo mucho en ellos, incluso en los secundarios.
En sus historias la tristeza y el pesimismo aparecen a menudo …
Yo soy un tipo pesimista, siempre digo que soy el tipo más aburrido del mundo. Y eso que la vida está llena de prodigios, de felicidad, hay una auténtica batería de emociones. Cualquiera se puede comprar una casa pero es mucho más importante tener una bonita historia de amor. Las emociones y los sentimientos son los que nos hacen humanos. A mí me gusta hablar de emociones, del miedo a perder lo que tienes, el dolor al no conseguir las emociones… De ahí que en mis novelas no hay malos, malos… intento que haya piedad hacia los infelices.
El interior del bosque y Las manos del pianista son novelas muy pesimistas, especialmente la segunda, con una visión muy dura de la realidad, aunque por ejemplo en El interior del bosque, el personaje de Gloria, ilumina la novela de una forma incluso un poco inocente. Yo soy muy pesimista pero mis novelas están llenas de amor. Hay pesimismo y descreimiento pero hay gente entregada a los mejores sentimientos del mundo. En La sangre de los ángeles hay una chica logopeda que ayuda a los autistas, que está llena de luz. Hay muchos contrastes, me niego a aceptar que en mi narrativa todo es de color negro, hay personajes muy luminosos, sabiendo que la vida es muy jodida.
¿Cómo define su estilo dentro de la novela negra?
Yo no escribo novela negra ‘habitual’. No me importa la novela de grandes crímenes o de gánsteres, ni los psicópatas, que me repugnan. Yo hablo de gente normal, que en un momento determinado se acerca al mal. Hablo de los sentimientos de la gente que corre por la calle, aunque le doy una vuelta de tuerca, pues no es habitual hablar de alguien que le pega un tiro a otro por una cuestión de maternidad.
¿Cómo es su personaje Ricardo Cupido?
Cupido es un tío aburrido, un tanto depresivo. Ya puestos, es más divertido su amigo el Alcalino. Como persona, es incapaz de aceptar un compromiso con una mujer. Y el hecho de la muerte de su hermano no justifica ser tan pánfilo. De todas formas, falta una novela cronológica entre Las manos del pianista y Cuerpo a cuerpo, en la que se explique el devenir emocional de este personaje.
¿Cupido, como detective, investiga o juzga?
Cupido descubre pero no juzga, él busca las pruebas, pero no juzga ¿quién eres tú para juzgar? Mírate las manos y si las tienes limpias tira la primera piedra. Cupido no ejecuta sino que revela la verdad. Aunque Cupido está del lado de la ley y mantiene el sistema, aunque se salta los procedimientos, participa en la continuidad del estado de derecho.
En sus novelas hay poca acción excepto en la última.
Es cierto, es que no me interesa, me ha costado mucho escribir esos párrafos, la violencia no me interesa y escribir de lo que no te interesa es muy difícil y me sale mal. De todas formas, igual que un médico tiene que topar alguna vez con la muerte, un detective privado tenía que topar con la violencia física. Hasta Contrarreloj, Cupido resolvía el caso llamaba a Gallardo, el guardia civil, y a otra cosa. Creo que enriquecía el personaje, por lo que, yo que soy un cagón, me esforcé en meterle en un episodio en el que tuviera que enfrentarse con la violencia.
Hoy ha participado en una mesa sobre ciclismo y novela negra. ¿Cuál es su relación con el ciclismo?
Para mí la bici no es un deporte de competición, es un deporte en soledad. Para jugar al tenis tengo que pegarle duro y ganar a otro. Y eso que yo disfruto tanto con la bici saliendo solo o en grupo. Cuando tengo un problema literario o tengo un atasco, cojo la bici, cuatro horas en soledad, se me quitan los dolores y me pongo a trabajar. La bici te permite irte a donde no hay nadie. Te permite salir del mundo habitado
¿Qué autores admira más?
Fundamentalmente a dos: Juan Carlos Onetti, el gran pesimista, y a William Faulkner, del que me interesa más su vertiente de creador de personajes más que como estilista. Y Shakespeare es lo máximo: una obra suya vale más que todo nuestro teatro clásico.
¿Qué Libro le hubiera gustado escribir?
Pese al tópico: El Quijote. Me encanta la sabiduría de sus diálogos y su protagonista que no es arrogante. Don Quijote tiene La mirada compasiva sobre el chaval, al que le están pegando latigazos, sobre el jinete de Pasamonte, que está metido en la jaula. Me impresiona esa mirada compasiva sobre los débiles, incluso sobre los culpables, esa capacidad de hacerse daño a sí mismo, por no dar la razón, que se joda el capitán que yo no como rancho, esa testarudez de hacerse daño a sí mismo por un afán… por un prurito de justicia, de lo que él considera justo. Aunque no le beneficie, a mí me parece acojonante. Se resume en el capítulo 59 de la segunda parte ese punto de que todo el mundo me dice que vaya por ahí… pues yo no.
¿En qué proyectos anda embarcado?
Ahora estoy escribiendo un ensayo donde intento explicar mis concepciones sobre lo que es una novela negra. En septiembre saldrá publicada Tierras de fuentes, una recopilación de textos donde recojo lo que he escrito sobre Extremadura. Y en un futuro a medio plazo me voy a poner con una nueva novela sobre Cupido del que me empiezan a entrar ganas de escribir algo, ya van dos años desde Contrarreloj. Y no es tanto por Cupido, como por la historia que pretendo escribir.
Esta entrevista se celebró el 16 de Julio de 2010, en una terraza del parque de Begoña, de la ciudad de Gijón.
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