libros
Tengo una pistola
"El club de la matriZ"
Sergio Vera Valencia / agosto 2010
Si, como decía Jarabe de palo: “en lo puro no hay futuro, la pureza está en la mezcla”, corran a comprar Tengo una pistola (TUP) de Enrique Rubio, porque, como postula Lorenzo Silva, en el prólogo de la novela, quizás estemos ante la obra fundacional de una nueva generación de narradores, y tal vez, con el tiempo, llegue a ser calificada como obra de culto.
La ópera prima del joven autor murciano, supone un explosivo cóctel de palabras, inédito por estos lares, una de esas novelas binarias, que sólo pueden ser amadas u odiadas, pero que no dejan indiferente. No en vano, estamos ante una obra difícil de catalogar.
Provista de un estilo que recuerda enormemente al empleado por el siempre transgresor Chuck Palahniuk, (autor de bestsellers tan atípicos como El club de la lucha, Asfixia o Fantasmas) con algunas pinceladas de conspiranoia al más puro estilo Matrix, y, aunque parezca increíble o fuera de lugar, una legión de no muertos deseosos de probar la carne humana. De modo que, en resumen, el texto de Rubio bien podría haberse titulado El Club de la matriZ.
A sabiendas de que tan heterogénea mezcla podría ser una aberración de cuatrocientas páginas, en vez de la originalísima obra que es, vamos a explicar escuetamente cada uno de sus ingredientes, pues sería una verdadera lástima que los gourmets literarios que estén leyendo estas líneas, dejasen pasar la oportunidad de catar esta jugosa receta.
Así, podríamos distinguir tres tramas bien diferenciadas dentro de TUP, que casi podrían ser leídas de forma independiente.
En primer lugar, la principal, que narra las desventuras de Cáscaradenuez, un inadaptado social, un hikikomori, que lleva años recluido voluntariamente dentro de su piso, comunicándose con el exterior únicamente a través de la red, donde además se gana la vida como webmaster de páginas porno. Sin embargo, su penosa existencia ya nunca volverá a ser igual, tras recibir un mensaje que precipitará los acontecimientos: ¿eres consciente de que llevas un excremento en tu interior?
Por otro lado, tenemos al psicólogo, el peculiar terapeuta que regularmente visita al protagonista, supuestamente con el fin de lograr su reinserción social. Decimos supuestamente, porque, en realidad, acude al domicilio de Cáscaradenuez para descargar tensiones, contándole todas sus neuras personales y profesionales, demostrando que está tanto o más necesitado de tratamiento que su paciente.
Hasta aquí, es puro Palahniuk, con unos personajes tan kafkaianos como trabajados, frases recurrentes interrumpiendo permanentemente la acción (lo que el americano denomina estribillos), y unos diálogos y reflexiones tan políticamente incorrectos que no dejan títere con cabeza.
Para redondear, el más bizarro todavía: Liberty of the Dead, una suerte de versión alucinada del popular videojuego Grand Theft Auto, en el que las calles de Nueva York han sido tomadas por hordas de muertos vivientes, al que Cáscaradenuez jugará cada vez que caiga en los brazos de Morfeo.
A estas alturas, es muy probable que el lector esté preguntándose lo mismo que yo cuando me enteré de que este novelón estaba nominado al premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela que otorga anualmente la Semana Negra de Gijón, ¿y qué tiene de negro todo esto?
Pues bien, podríamos decir que todo, y nada.
Todo, porque, como en cualquier novela negra que se precie, hay un sustrato de crítica social, no en vano, es un ácido y descarnado estudio de buena parte de la juventud española del Siglo XXI. De millones de jóvenes, grises e conformistas, que malgastan su vida delante del ordenador, utilizando la red como refugio frente al peligroso e impredecible mundo real, buscando irracional e incansablemente miles de películas que nunca verán, cientos de álbumes y discografías completas que jamás escucharán, y docenas de videojuegos que tan siquiera probarán, pero que se sienten empujados, casi forzados por el Dios Consumo, a descargar.
En resumidas cuentas, que Cáscaradenuez tiene tantas posibilidades a su alcance, que no sabe qué hacer y se siente vacío. Nos topamos, por tanto, ante una feroz crítica de la sociedad del (des)conocimiento en que vivimos. Una sociedad en la que, con mayor frecuencia de la que nos gustaría reconocer, nos vemos, como el protagonista de esta historia, superados por las circunstancias, por la inmensa cantidad de datos que pululan a nuestro alrededor y que, cada vez más, logran que nos convirtamos en meros replicantes de pensamientos ajenos, que ni elegimos lo que hacemos, ni mucho menos lo que somos.
Y nada, o al menos no en el sentido más canónico y tradicional del género negro, pues no se centra en la historia de ningún crimen, aunque los haya, pero, desde luego, sí que disecciona y analiza algunos tumores de nuestra sociedad que, por el momento, habían sido pasados por alto.
Así pues, desde aquí recomendamos fervientemente la lectura de TUP, ya que sea o no negra, a buen seguro que esta novela dará qué pensar a muchos aficionados, especialmente a los que se encuentren saturados de jugar continuamente a policías y ladrones, a todos aquellos que quieran una historia diferente y magistralmente escrita, y, en definitiva, a todos los amantes de la buena literatura que cuenten con 9 euros en su bolsillo, porque, seguramente, tampoco tú seas consciente de que tienes un excremento en tu interior.
Tengo una pistola
Enrique Rubio
booket

