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El sonido de la noche
Jesús Lens/ julio 2010
Tantas veces que oímos hablar de jazz y literatura negra y criminal, tantas veces que pensamos en los Estados Unidos y en garitos como el Cotton Club, en los gángsteres de antaño, en los sombreros de ala estrecha y las gabardinas, las metralletas Thompson, Lucky Luciano o Meyer Lansky. Y en músicos vinculados a toda esa caterva, bien porque tocaban en los clubes que frecuentaban los mafiosos o bien porque, directamente, pertenecían a su séquito habitual de adláteres, pelotas y moscones.
A fin de cuentas, como bien nos recuerda el autor de la novela “El sonido de la noche”, publicada por la editorial Martínez Roca, el jazz nació en los prostíbulos. Al menos, el piano-jazz, cuando los músicos eran contratados para darle ambiente a las casas de lenocinio, ayudando a que el tiempo se hiciera más corto a los machos encelados que esperaban para entrar en las hembras de alquiler.
Uno de esos individuos que pululan por los ambientes mafiosos, sintiéndose como pez en el agua entre ellos, es Eric Dutch Heinrichs, un negrazo que tocaba con músicos de la talla de Charlie Parker y que solía andar con la gente del capo Nick Pappalardo, apodado Moby Nick. Hasta que hizo una tontería. Y tuvo que huir, convirtiéndose en un moderno Holandés Errante…
En este punto, es muy probable que pienses que el nombre del autor de esta novela comience por los habituales Tom, Dick o Harry anglosajones, ¿verdad?
Pues no. El autor de “El sonido de la noche” es Xavier B. Fernández, nacido y residente en Barcelona y parte activa del movimiento cul y contracultural de la Ciudad Condal, habiendo escrito en revistas míticas como Fotogramas o Ajoblanco.
- ¿Y que hace un tipo llamado Xavier escribiendo sobre las andanzas de un pianista negro en Las Vegas de los años 50? – podría preguntarse algún lector despistado…
Aunque en un mundo globalizado no tendría que extrañarnos que un escritor local escribiera un noir de corte clásico que transcurra en el corazón de USA; lo cierto es que “El sonido de la noche” es una novela española. Muy española. O catalana. O barcelonesa. Porque buena parte de su acción acaece en la Barcelona del estraperlo, el contrabando, los delatores, el maquis y los informantes de la policía. Una Barcelona que, en los años más duros de la posguerra, agoniza en silencio. Una Barcelona en la que los hijos de los perdedores han de hacer equilibrios en el alambre para salir adelante y abrirse paso en una sociedad que les repudia, les ignora y les acosa, mañana, tarde y noche.
España. Una España que, como le dicen al protagonista de la novela, “es un país más africano que europeo. Ya no sufre el bloqueo económico que se instauró después de la guerra, pero la dictadura del general Franco la mantiene igual de aislado. Es un país cerrado al mundo moderno que vive hundido en la mugre y la miseria de Edad Media”.
Una Barcelona que sólo dentro de los límites de espacios como el club Jamboree parece respirar un poco de libertad y aire puro. Un Jamboree en el que oficia un pianista muy especial, añorado por todos los que amamos el jazz: Tete Montoliú.
Y así, en clave de jazz, se desarrollan las cuatrocientas páginas de una novela que mezcla tanto géneros como personajes reales y de ficción, conduciéndonos por una Barcelona que, aún consumida por la ruindad y la mezquindad de los vencedores y los aprovechados, sigue exudando la magia que la caracteriza, de Gaudí a Tete, pasando por la vigorosa Barceloneta y por esos cafés en los que un viejo manco, ora teclea novelas del Oeste en una ajada máquina de escribir, ora juega al ajedrez.
“El sonido de la noche” es una excelente novela para disfrutar en el silencio de las madrugadas del verano, escuchando quedamente alguna grabación de Tete Montoliú o Charlie Parker, soñando con unos tiempos felizmente pasados que, para lo bueno y para lo menos bueno, nunca volverán.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros
blog del autor:patenado el mundo

