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Muerte en Estambul
Zeki/agosto 2010
Estambul, la ciudad de los minaretes, la ciudad donde el Bósforo separa oriente de occidente, ex Constantinopla, ex Bizancio. Una megalópolis de cerca de 18 millones de habitantes, hormigueante de actividad. Allí, la minoría griega después de sufrir, durante años, las perrerías y exacciones de las ‘autoridades turcas’, se encuentra muy menguada, pero los que quedan se resisten a marchar.
Al comisario griego parece que las vacaciones no le traen suerte, ya en otra de sus historias (Defensa cerrada) fue sorprendido por un terremoto mientras disfrutaba de unos días de descanso fuera de Atenas, aquel movimiento de tierras puso al descubierto a un cadáver… En esta, mientras disfruta de unas vacaciones en Estambul, con un grupo de compatriotas, le surge el encargo de perseguir a una anciana y sus empanadas envenenadas. Un caso sencillo que se irá complicando con un reguero de victimas. Entre tanto la hija de Jaritos, Katerina, se ha casado con su novio de siempre, Fanis, sin pasar por la Iglesia, lo que sume a toda la familia en el desconcierto y la irritación.
Aquí el caso le corresponde a un joven inspector turco: Murat, y Jaritos tendrá que plegarse a colaborar con él. Las relaciones entre griegos y turcos … ya se sabe, han mejorado pero siguen tensas al fin y al cabo. Murat, hijo de la inmigración en Alemania, sabe lo que es ser parte de una minoría en un país extranjero y ambos acaban por encontrar un terreno de ‘entente’. ¿Qué demonios le ocurre a esta nonagenaria que viendo llegar el final de sus días se pone a ajustar cuentas con todo quisqui?
Finalmente Katerina, la hija, conciliadora, con tal de poner contentos a todos, accede a un bodorrio por la iglesia como segundo acto de su boda. La ocasión soñada para su madre de ir de compras por los bazares de Estambul en busca de algunas gangas con que obsequiarla a su regreso, mientras Jaritos rumia de tienda en tienda… y discurre cómo parar a la vieja que ha empezado a matar turcos. La cosa podría degenerar si los periódicos se enteran que una griega está matando a ciudadanos turcos.
Con esta novela Markaris, toca el tema de las relaciones, las familiares, las de los vecinos enfrentados, las relaciones culturales, los prejuicios. Petros Markaris Oriundo de Estambul, ha vivido personalmente y a través de su familia, muchos de los hechos históricos que narra, en esta novela: el varliki, las expulsiones forzadas o por motivos económicos, el desarraigo… Quizás Markaris, Maria Jambu mediante, ajusta cuentas de modo incruento con su propio pasado.
Hay toda una simbología, el verdugo, una anciana que se muere de cáncer emprende un imprevisto y último viaje hacía su pasado. Una vuelta a sus raíces geográficas y personales. Va ajustando cuentas, premiando a aquellos que fueron buenos con ella con una de sus riquísimas empanadas, y a los codiciosos y malvados con empanadas envenenadas. La gula es uno de los siete pecados capitales que, por lo general, mejor casa con la codicia. Es como un aforismo.
Jaritos y Murat, el viejo comisario Griego y el joven y cosmopolita turco. No tienen nada en común, el primero mantiene una pugna con su hija porque esta decide no casarse por la iglesia , el otro, ateo y educado en occidente decide regresar a Turquia , empujado por la incomprensión de sus ‘tolerantes’ colegas alemanes, el día que su mujer, arquitecta , decide por su cuenta ponerse ‘el pañuelo’ en la cabeza.
Con un tono casi didáctico, pacificador, Markaris, más cerca que nunca del Maigret de Simenón, imparte una lección de empatía adentrándose en la mente humana, decorticando, por un lado, las rémoras que nos alejan unos de otros y por otro, como a menudo son muchas más las cosas que nos unen.
Muerte en Estambul
Petros Markaris
Tusquets

