"No había duda: estaba en su casa, en el infierno.
Una mano lo agarró del pelo y lo arrastró detrás de la casa.

Caryl Férey, "Zulú"

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Un hombre toca a la puerta bajo la lluvia

Prólogo del libro por: Paco Ignacio Taibo II


Un hombre toca a la puerta bajo la lluvia Conocí a Rodolfo Pérez Valero en los intrincados momentos en que formábamos la Asociación Internacional de Escritores Policíacos. Era una apuesta interesante que tropezaba con todos los obstáculos de la guerra fría. Él fue el impulsor junto a Molina de aquel encuentro de La Habana que terminó en el cuarto 611 del hotel Capri donde cinco autores se sumaron a los dos cubanos (Chavaría de Uruguay, Prochazka, checo, Semionov, ruso y dos mexicanos, Ramírez Heredia y yo) para crear la AIEP.

Rodolfo practicaba en esos años una versión cubana del whodoneit, una literatura muy próxima a la narración enigma, que resultaba un contrasentido en la agitada Cuba de mitad de los 80, pero que había funcionado entre los lectores locales de una manera sorprendente.

Agudo, inquisitivo, trabajador metódico, fue el alma de la revista Enigma, una de las aventuras editoriales más divertidas que recuerdo. Nos reunimos en medio planeta y al final, varias veces pasó por mi casa en la ciudad de México y aprendió a lavar platos, cosa que no hacía en La Habana, eternamente rodeado de tres mujeres. Nos vimos mucho en aquellos años y cambiamos mil y una conversaciones, por otro millar de dudas y bien pocas certezas. Estuvimos juntos en los grandes debates de la AIEP, cuando logramos que el voto fuera secreto, o cuando la organización creció más allá del millar de miembros. Nos divertimos mucho rehuyendo manipulaciones e intentos de hacer negocios medio turbios con nosotros como pantalla

De aquellos años surgieron los apodos de Rodolfín y Pakunin, que servían como clave de confianzas.
Cuando dejó La Habana y se instaló en Miami, pensé que iría a dejar de escribir. Que para él se habían terminado las letras. Un escritor hispano en los Estados Unidos, a no ser que forme parte del gran espectáculo y el marketing, es poco menos que el socialismo polaco de hace años, totalmente inexistente. Perdida la compulsión y el premio de los lectores cubanos, enormemente limitado el tiempo libre, obligado a la cacería del dólar para la supervivencia, de una manera diferente a la habanera, la literatura pasaría a formar parte de lo prescindible.

Yo me equivocaba

Tras una breve sequía, lentamente, sus nuevas historias, en la forma de cuentos, comenzaron a asomar la cabeza. Y me dejaron sorprendido. Rodolfo conservaba un gusto por la experimentación que tenía desde sus primeros relatos recogidos en los libros: "Para vivir más de una vida" y "Descanse en paz Agatha Christie"; pero había algo más, mucho más. Cada cuento era una pieza maestra, que lograba una técnica narrativa diferente. Cada cuento contenía un hallazgo.

Entre los narradores policíacos latinoamericanos, el cuento no ha sido afortunado. Si excluimos dos o tres de Ramírez Heredia y algunos de Eduardo Antonio Parra, los narradores del negro buscan la longitud de la novela que les permite desplegar tramas y personajes, ciudades y paraísos pervertidos.

Rodolfo en cambio tiene esa agilidad de la trama corta que le permite amarrar en media docena de cuartillas una anécdota y sus historias eran cada vez más ingeniosas.

Usó como plataforma y motivación para romper el aislamiento el Concurso de cuentos de la Semana Negra de Gijón, que cumple ahora 22 años.

Y ahí siempre variando de seudónimo, comenzó a ganar el concurso, compitiendo año con año contra varios centenares de cuentos de primeras plumas del género negro de España, la propia Cuba, México, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela. El resultado no puede dejar de ser calificado como sorprendente: Al paso de los años, ha ganado 5 veces el premio y obtenido una mención de finalista.

Desde "Lección 26", que juega con la idea de la variedad wagneriana de los finales, pasando por "Las reglas del juego ", donde Rodolfo suelta el ingenio, hasta el genial "Sinflictivo" que demuestra como un burócrata de izquierda y uno de derecha se parecen como dos gotas de agua. Rematando con dos obras maestras: "Dioses y orishas" y "Querido subcomandante Marcos", donde hay un verdadero combate por la creación de un lenguaje nuevo.

 

Con este libro, donde se reúnen experimentos realizados a lo largo de más de 20 años, Rodolfo Pérez Valero se convierte en el gran cuentista del neopolicial latinoamericano.

Curiosamente los años en Miami lo fueron volviendo un hombre de izquierda. Alguna vez sentados en el porche de su casa, donde me deja fumar sin reprimirme, lo conversamos. Quizá porque ya no tiene que ser obligatoriamente y formalmente de izquierda, quizá porque la sociedad no le impone ahora un membrete ideológico, es cuando recupera una visión crítica y radical de la sociedad y de la literatura.

Y esto, se nota mucho en su literatura.

Un hombre toca a la puerta bajo la lluvia (Colección de cuentos policiacos)
Rodolfo Pérez Valero
Plaza & Janés México 2010 (Random House Mondadori)

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