libros
“La calle de la Estación 120”
de Leo Malet
Pedro J. Barras /julio 2010
Malet desde un primer momento sumerge al lector en una atmósfera gris, de cierta decadencia y pesimismo, una época dura y difícil para los franceses, que soportan la ocupación nazi. Sus personajes surgen de ese trasfondo dramático, de entre ellos sobresale el detective Néstor Burma, , desde el inicio, se sitúa ajeno a su estatus natural: sobreviviendo en un campo de prisioneros alemán. Tomando como punto de partida este entorno, de manera lenta pero precisa Leo Malet nos va introduciendo en el enigma que se esconde tras una misteriosa dirección: la calle de la Estación, 120. ¿Qué hechos oculta esa dirección? ¿Por qué dos personas, por razones diferentes, cercanas a Burma: un prisionero amnésico (“Glóbulo”) y un colaborador de su agencia de detectives (Colomer), dirigen al detective hacia esa dirección?
Según avanza la historia, el caso va tomando forma y todas sus piezas van encajando como si de un enigmático puzzle se tratara. Sin embargo, en ocasiones el autor trata de redirigir al lector a aquel punto de la narración que él quiere, llegando a conclusiones o evidencias demasiado precipitadas y a veces no suficientemente justificadas o trabajadas.
Malet llevará a su personaje principal hacia un mundo en el que se entremezclarán las clases altas y bajas de la sociedad francesa, antiguos amigos y colaboradores, policías y todo tipo de personajes que tratan de aprovecharse de la situación para sacar el mayor beneficio posible que les ayude, de un modo u otro a subsistir a las penurias que la guerra está causando en sus vidas.
La soledad y melancolía de Burma encajan perfectamente con ese escenario. Su carácter sobrio y taciturno, en su modo de investigar, no está exento, por otro lado, de gran vehemencia y lógica aplastante. Esa frialdad, del detective, no es ajena a las influencias del género norteamericano que está, en ese momento, en plena efervescencia, pero el autor se desmarca en la creación y desarrollo de escenarios (bajos fondos, lugares solitarios y decadentes) y personajes (ambiciosos, egoístas, hambrientos de poder y posición social) creando las bases que posteriormente otros autores, como Simenon, utilizarán en sus geniales relatos.
Otro aspecto a resaltar es la aparición de nuevos elementos y personajes, magistralmente dibujados por el autor (y muy bien representados por Tardi en su cómic) que dan a la novela una dimensión que va más allá del enigma por resolver. La misteriosa mujer cuyo asombroso parecido con una famosa actriz de la época trae de cabeza a nuestro héroe, el periodista, el abogado sin escrúpulos, el comisario de policía, el mayordomo fiel, todos ellos formarán un mundo paralelo que acabará confluyendo en una habitación en la que, al más puro estilo holmesiano, Burma mostrará finalmente las conclusiones a sus pesquisas.
En definitiva una novela con muchos aspectos novedosos para su época que además consigue asimilar elementos ya latentes en otros escritores no europeos, y lo hace de manera sencilla pero imponente creando un personaje cercano a los cánones norteamericanos, pero a su modo marcando unos rasgos muy particulares que lo diferencian notablemente, creando la tendencia y origen de un nuevo modelo de detective en Europa.

