libros
Día de perros
Tensión para todos los públicos
Sergio Vera Valencia/ septiembre 2010
No sé si quedé traumatizado por la película de Pinocho, o por las temibles tijeras pescaderas de mi madre (¡Niño, como vuelvas a ir a la profesora diciendo que te amenazamos, te juro que te corto la lengua!), pero lo cierto es que no sé mentir. De modo que si crees que este texto analizará la segunda obra que Alicia Jiménez (sí, es con g) Bartlett escribió, allá por el lejano 1997, sobre una cuarentona e irónica inspectora de policía barcelonesa, casi que mejor dejas de leer. No, no voy a hablar de Petra Delicado. Esta reseña tratará de un thriller, poco conocido dentro del mundillo noir, pero que resultó merecedor del Premio Ignotus a la mejor novela de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror publicada en España durante el 2008. ¿Curioso, eh? Bueno, tampoco debe extrañar tanto al lector incauto que, pese a mis advertencias, haya seguido leyendo, pues su autor, el zaragozano David Jasso, es, además de presidente de la Asociación Española de escritores de Terror (NOCTE), un maestro indiscutible en el noble arte de asustar al prójimo.
Y ya se sabe que, entre intriga y tensión, suspense y terror psicológico, más que una delgada línea fronteriza, sólo existe mercadotecnia, deseos de rizar el rizo y acuñar nuevas etiquetas con las que encorsetarlo todo y, a ser posible, con un apelativo aún más rimbombante y grandilocuente que la frase que me acabo de marcar.
Y es que, diga lo que diga la editorial, o sea cuál sea el epíteto con el que pretendan adornarla, la segunda novela del maño es un thriller. Una novela de suspense. Y bastante buena, además. Eso sí, sin conspiranoia ni nazis, que tampoco estamos ante el enésimo plagio de los enigmas danbrownianos, ni la última novela de espionaje de Ken Follett. No, aquí no hay ni dobles agentes ni intrincados planes para conquistar el mundo, sólo una historia ágil, adictiva y cotidiana. Tanto, que bien podría aparecer mañana, como ocurre en la ficción, en el telediario de la tarde. Y por eso, porque tú podrías ser el protagonista, y porque desde el primer momento sabes que todo va a acabar mal, no podrás dejar de leerla. Ni tú ni, y aquí radica el enorme potencial que encierra esta propuesta, aquellos adolescentes que se acerquen a sus páginas.
No en vano, la mayor parte de sus personajes, y por ende su protagonista y narrador, son quinceañeros, con cuyos frustrados amoríos, problemas de identidad y deseos de agradar al grupo, se sentirán fuertemente identificados, quedando irremisiblemente atrapados por el ritmo endiablado de este secuestro.
Porque, si tuviésemos que resumir el argumento de Día de perros, la mejor palabra sería esa. Secuestro. Y si además pudiésemos acompañarla de otra, frenético le iría como anillo al dedo. Y es que, tras pasarse tirados toda la tarde en un parque, abotargados y aburridos, a los jóvenes protagonistas de la novela no se les ocurre mejor idea que raptar a un perro, primo lejano de Milú, a fin de embolsarse un sobresueldo con el que animar sus lánguidas vacaciones estivales. De esta forma tan aparentemente naíf, comienza este particular día de perros, una trepidante persecución por las calles de la Zaragoza post-EXPO que no dará tregua al lector hasta el sobrecogedor pasaje del teleférico con el que concluye la acción y llega, inexorable, la tragedia, demostrando como los desastres muchas veces pueden ser fruto de un desafortunado cúmulo de casualidades y malentendidos, y que Murphy, cuando quiere, puede ser muy pero que muy cabroncete y retorcerlo todo hasta lo indecible, haciendo que una estúpida gamberrada juvenil pueda llegar a saldarse con la muerte de más de un inocente.
Una novela ligera e hipnótica a partes iguales, y que, pese a lo que pueda parecer, gustará a toda clase de lectores, pues, y pongo esto en mayúsculas para evitar equívocos, NO ES UNA OBRA JUVENIL sino un texto para adultos que, dada su temática, estilo y personajes, puede contribuir a despertar el interés por la lectura entre los siempre reticentes estudiantes de secundaria, y que atesora un valor incalculable como forma de hacer cantera, de atraer algo de savia joven al avejentado género negro.
Así pues, si esta reseña ha logrado despertar tu interés por la obra, hazte con ella y luego, si te engancha tanto como al que suscribe, recomiéndasela a tu hijo, sobrino o nieto. Puede que con ello logres hacerle descubrir una nueva forma de entretenimiento. Y si no, bueno, que siga jugando a la Playstation como hasta ahora. Eso sí, yo de ti me lo pensaría dos veces antes de comprarle la katana que ha pedido por su cumpleaños…que puede ser el detonante perfecto para un nuevo día de perros. El tuyo. No digas que no te avisé.

