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LA TISTEZA DEL SAMURÁI
Por:Zeki -junio 2011
Una historia de amor truncado, y la venganza como telón de fondo dramático, casi obsesivo. Pinceladas de política conspirativa, memoria histórica, postguerra, falangistas y la división azul en el frente ruso, locura, secuestro, cárcel, venganza. Los ingredientes de un fresco con aspiraciones sheaskpirianas, que no deja de mantener en vilo al lector a lo largo de las páginas.
La historia es de aquellas que se vislumbran a través de una espesa bruma histórica, en dos planos temporales: la posguerra española y los años 80 del siglo pasado (la llamada transición). Con personajes atados unos a otros por lazos de sangre y crímenes, divididos en bandos absolutamente contrapuestos: el arribista sin escrúpulos capaz de sacrificar a toda su familia para sus designios políticos, el cínico maquiavelista que lo asiste, el hombre de mano que se mueve por ideales o por instinto de su psicopatía, en todo caso un tipo resuelto y eficaz. También encontraremos al sícopata de manual y al chaquetero de turno. Eso por la parte de los malos de la historia.
La parte buena tiene también su pleyade de personajes acordes con los valores, se conoce que democráticos y políticamente muy correctos, como conviene a los buenos y/o víctimas: una belleza de mujer víctima de su marido y por extensión del poder machista, unos hijos desamparados faltos de amor paternal, un maestro republicano sin mucho sexapil -pobre pero honrado-, un recluta cabezón y rencoroso, una abogada devenida en lesbiana por descarte y un sufrido y rabioso policía, abnegado y vengador.
Hay testosterona como para plantear una epopeya en toda regla. Un dramón de los de aúpa redactado con el rigor exigible y personajes rotundos en su esencia de prototipos. El desalmado gerifalte de Falange que urde un falso atentado contra su propia persona, es un buen ejemplo de ello, sobre todo si tenemos en cuenta que implica en el asunto a su mujer en condición de cabecilla del complot. Isabel, manipulada por el hombre de mano de su marido, caerá en la trampa arrastrando a sus hijos a un futuro incierto. Envuelta en el entorno de chulería y prepotencia de posguerra, esta historia emocional que se adentra en ese territorio sensible de nuestra memoria reciente, tiene el riesgo de abusar del melodrama.
El urdidor en la sombra que sobrevive a sus maquivelicas urdimbres, para seguir tirando de los hilos , como pasión vital, hasta el final... hasta que las víctimas, o sus restos hagan justicia ¿poética?
El detalle japones, del título, que viene del nombre de una catana que le regalan al hijo del preboste, tiene muy poca transcendencia en la trama más allá del exotismo exhibido que sirve de enganche promocional. Un artilugio con el que, él joven, cometerá algunos desmanes... que ilustraran su locura, y de paso darán pie a añadidos de hemoglobina teñidos de salvajismo sexual.
Hay que leerla, es una narración honesta en eso que no engaña al lector, pero que alarga por momentos, innecesariamente, algunas expectativas cruciales, como en los mejores momentos del romanticismo.
LA TISTEZA DEL SAMURÁI
Víctor del Árbol
Alrevés

