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La detective miope
Zeki/ octubre 2010
Ha perdido a su marido y a su hija. Asesinados. Estuvo siete meses en un siquiátrico. De repente en un banco del hospital, leyendo una revista, cree encontrar el método para descubrir a los asesinos de su familia. Poseída por esa certeza, consigue que la declaren ‘cuerda’ e inicia la búsqueda. En la agencia para la que trabajaba no quieren volver a admitirla pero consigue entrar en la agencia de detectives Marin.
Desde allí resuelve caso tras caso los cinco que, está convencida, la llevaran a su propósito. Irene Ricart, se mantiene a la borde de la cordura con una actitud de férrea determinación supliendo los recovecos emocionales con combinaciones numéricas. La frialdad de las cifras atempera el fuego de rabia que la consume por dentro y que también consume su vista.
Chantajes , drogas y cuernos arropan este relato de personaje. Una protagonista cuya sequedad sentimental es la barrera protectora que la libra de sombrar en la locura del dolor.
En el discurso literario, el tópico parece haberse convertido en materia per sé, aquí, la autora, después de subrayarlo, a menudo elige una de sus opciones contrarias. Eso, los guiños o alusiones veladas a autores de novela negra aunado a la fuerza de la narración, en su primera parte, hacen de la novela una lectura entretenida. Sin embargo se echa de menos la resolución de algunas expectativas que se fueron creando en la primera parte de la novela y que constituían sus mejores bazas, a mi entender: como el original método de la teoría de los 6 grados, para resolver la investigación. La autora, achacando esas nebulosas a su narradora enferma, Irene Ricart , hace un flaco favor a su, por otro lado, ágil historia.
Aun así, el lector, pasara un buen rato con una lectura que destila garra.
La detective miope
Rosa Ribas
Viceversa

