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Russell Craig "El beso de Galsgow"

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Bacarrá
Óscar Urra







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Bacarrá

Enrique Bienzobas

BacarráTodo apunta a que la historia ha concluido. Aquella que comenzó con la Caja de Pandora, continuó con el Arlequín y ahora termina -¿termina?- en bodorrio -con Paquito, el chocolatero incluido- cuya tarta es para la antología de la horterada. No estoy muy de acuerdo con lo que dice la contraportada del libro “Óscar Urra remata con este relato la peculiar trilogía que comenzara con A timba abierta y continuara con Impar y rojo, y cierra así uno de los relatos más ágiles y desenfadados del reciente policial español”. Si por desenfadado entendemos libre, estoy muy de acuerdo con dicha apreciación. Pero debemos entender también serio y muy bien construido. De lo contrario nos quedaríamos cortos. Con lo que no estoy de acuerdo, al menos es un deseo, es con lo de “cierra así uno de los relatos...”. ¡Cierra! ¿Cierra? Volveremos a ello.

Vayamos a lo principal. Un comentarista muy comentador de comentarios, como si de comer corolarios ya cerrados -postre incluido- se tratara, llamado Victor Caludín, comentó en su día (8 de febrero de 2010) que Óscar Urra escribe demasiado bien para hacer novelas negras: “Es un estilo que suena un poco pretencioso; no es que sea culto, pero le sobra su delicadeza y, curiosamente, su estar tan bien escrito, sus términos y adjetivos fuera de la simplicidad que, me parece, requiere una novela policiaca” (1.) Tamaña estupidez es difícil de leer, y solo se entiende si a uno le gustan las horteradas, lo mal hecho... Pero a los lectores -y eso es lo que olvida el comentarista comentador...- nos gusta la literatura, el género es lo de menos. Es lo que el propio Urra dice en una entrevista concedida a José María Sánchez: “para mi el estilo lo es todo”, eso sí, “no se trata de que la literatura sea un 'jugar por jugar' con el lenguaje, pero si es ante todo un juego del lenguaje” (2.) Y eso es lo principal. Decir cosas interesantes, y decirlas bien, ¡qué digo bien, magníficamente bien! Y si no vean ustedes unos pocos ejemplos:

Empieza la novela con Cabria en plan tahúr, en plena partida, algo que ya conocemos todos, en racha, los demás, esos “cuatro pares de ojos” no parecían más que contemplar “las cartas perplejos de vino, humo y derrota”. No queda ahí la partida, los cinco jugadores son “náufragos de la sofocante noche madrileña” (3.) Y es el principio.

En otra ocasión, en un momento en el que parece que se va a desencadenar un combate entre dos hambrientos de sexo, surge el jazz: “un piano derramó sobre la madrugada su cálido lamento, recordando que sólo lo hermoso no permanece” (4.) La figura es hermosa, aunque si sacamos a Heráclito a relucir podríamos decir que tampoco lo no hermoso permanece. O cuando una alfombra está llena de “bostezos que se te han ido cayendo de la boca”. O esta otra que llama la atención del ruido del tráfico: “se eriza el graznido de algún claxon”.

No solo las figuras, también las palabras: “para mí [la palabra bien dicha] es muy importante, hay que jugar con la ambigüedad de la frase, con todos los recursos que se puedan y sean pertinentes para lo que se está narrando” ( 5.) Y lo que Urra nos cuenta no deja de sorprendernos, entusiasmarnos.

Madrid es una federación de barrios, cada uno tiene sus propias características. Por eso, “quien no ha paseado un domingo cualquiera temprano por la Plaza de Tirso de Molina no sabe que Madrid no existe. Están los barrios, pero cada uno luce su cielo, sus bocas de metro y sus adoquines. Los rufianes no escupen al suelo igual en un sitio que en otro, la gente no levanta igual el brazo para llamar un taxi, no se pronuncian igual las vocales ni las consonantes. Madrid es una federación de barrios que no sabe que lo es, con un alcalde o un presidente que se cree que lo es” ( 6. )

Si en las anteriores entregas el narrador era una tercera o primera persona, en esta última es una tercera y una segunda, voz esta última para referirse al “hombre alto, cilíndrico, gorra de béisbol, pantalones cortos y playeras” (7.) especie de bisagra entre ZONA y Cabria, entre la segunda persona y la tercera. Nada es gratuito en la narración. Nada sobra. Nada falta. Perfectamente construida.

Más arriba me surgían las dudas, o mejor, los deseos, de si todo había quedado saldado. Creo que no. Más de un hilo queda pendiente. No se si será el de Ariadna, tampoco sé si el propio Urra lo tiene claro, el caso es que, por ejemplo, nada sabemos de Sara, la hija del detective, si termina su beca, cosa que, dado el nivel de precariedad en los estudios, en los trabajos, en la vida que hoy nos han impuesto los banqueros, empresarios y sus gobiernos, suponemos que pronto terminará. Nada sabemos de una hermosa mujer llamada Nadia, que en el caso de Pandora terminó en el hospital y a la que, mientras Cabria resolvía el caso Arlequín, le llevaba libros al hospital. Nada sabemos del gran oído llamado Vitriolo, que ahora aparece de pasada, ese ubérrimo escuchante, merece un mejor trato. Por no hablar de César..., o de ese grupito formado por estos dos y un sacerdote justiciero, que se coaligan para ayudar, aunque éste no lo sepa, a Cabria y mosquear a Meléndez.

No. Quedan más cabos sueltos. Una la historia en diagonal, una partida de ajedrez nunca empezada...

No. Más aun, esa magia de los números, los del teléfono y los de la fortuna.

No. No, por favor, no queremos dejar ahí a Julio Cabria. Ya es como de la familia. Y ya se sabe... “La familia...”



(1) Ver la revista digital Periodistas en Español URL es: http://www.p-es.org/index.php?option=com_content&view=article&id=5788:oscar-urra-da-una-vuelta-mas-a-la-ruleta-de-lo-policial-con-impar-y-rojo&catid=64:libros&Itemid=83
(2) En La Gangsterera: http://lagangsterera.com/entrevistas/entrev_OscarUrra.php
(3) Óscar Urra: Bacarrá, página 11
(4) Bacarrá, página 65
(5) Entrevista mencionada
(6) Óscar Urra: Bacarrá. Página 167
(7) Bacarrá, pagina 20

BACARRÁ
Óscar Urra
Salto de Página (2011)

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