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Perro come perro

Los tipos duros acaban bajo tierra
(Axioma entre los convictos)


Por:Enrique Bienzobas

Perro come perroMi primer contacto con Bunker fue a través de su primera novela, creo que escrita en la cárcel, No hay bestia tan feroz. En algunos momentos me recordó la novela autobiográfica de Chester Himes Por el pasado llorarás y en otros momentos me trajo a la memoria a Jim Thompson. Luego, según iba avanzando me percaté de que la novela de Bunker es una obra totalmente original, muy bien construida, mejor montada y extraordinaria en todos los aspectos.

Ahora he vuelto a Bunker con su cuarta novela, Perro come perro. Si en la primera el ex convicto Max Dembo intenta seguir una vida honrada a la salida de la cárcel, hasta que se da cuenta de que todos sus intentos son rechazados, el primero es su agente de la condicional, ahora vemos a un Troy Cameron y sus compinches: Mad Dog, un drogadicto psicópata, y Charles Carson, conocido por Diesel, ex boxeador que se dedica, cumplida ya la condicional, a seguir las órdenes de un mafioso, jefe local del sindicato de transportes: palizas, quema de camiones, etc. los vemos, como decía, caminar directamente por la senda que atraviesa la raya de la legalidad. Eso sí, lo hacen con la cara descubierta, sin complejos, sin engañar a nadie.

Los tres se conocieron de jovencitos en el reformatorio. Los tres entablaron amistad y los tres iniciarán, cuando salga Troy del trullo, una carrera hacia la liberación económica, claro que en el camino Troy tendrá que apaciguar los ánimos del loco Mad Dog y los del gigante Diesel. Tarea que no va a ser fácil.

Eduard Bunker sabe llevar al lector al mundo de los bajos fondos. A un mundo violento, aunque no más que el mundo legal, ese que se corrompe o que asesina en nombre de la ley: A cualquier yonqui –reflexiona Troy- estúpido le caen veinte años por entrar en un banco con un cheque y sacar ochocientos dólares de un cajero y un ejecutivo financiero puede jugarse mil millones del dinero de los contribuyentes, que le presta al Congreso, y cuando la población termina de pagar los intereses son cinco mil millones. El ejecutivo firma un decreto extrajudicial y se compra una casa en Florida de cinco millones de dólares antes de declararse en bancarrota.

Ejemplos como ese son abundantes en la novela. Cuando Troy decide hacer algo con el psicópata de Mad Dog, su amigo, también lo compara con la sociedad civil, esa que está llena de hipocresía: Mad Dog McCain era menos responsable de sus maldades que los miembros de la Cruz Roja y los bancos de sangre que dejaron que sangre infectada de VIH no pasara los controles porque les habría costado cientos de millones de dólares y así, gracias a una decisión tan argumentada, siete mil hemofílicos se morían. Es decir, la novela, que no es ningún intento de justificar nada más bien se trata de la denuncia, de una denuncia seria y radical, de esa sociedad hipócrita, es una puesta al día de la realidad cotidiana, donde los delincuentes o siguen unas normas que les lleven a triunfar, o se hunden en el cieno, claro que los hay que caen en cieno de lujo: una regla primordial para ser un criminal de éxito es no dejar huellas. El no cumplimiento de esta norma acabó con la presidencia de Richard M. Nixon.

Muchas veces se ha dicho que la novela negra es crítica con la realidad, que el autor es un notario que toma acta de las circunstancias por las que atraviesa la vida cotidiana. Si eso es así, las novelas de Eduard Bunker son las mejores actas notariales con las que podemos comprender cómo está la sociedad. Yo diría que, además, más allá de interpretar el mundo, es decir, su sociedad, la norteamericana, intenta, no transformarla, pero sí, al menos, darse el piro:

El Greco se le acercó más y bajó la voz. -¿Qué piensas hacer cuando salgas? -Intentaré levantarme algo de pasta, ¿tú qué crees? -¿Tienes algo en marcha? Troy negó con la cabeza y sonrió. -Después de una década aquí dentro, ¿qué podría tener? Lo que quiero hacer es ganar pasta y largarme del país antes de que se vuelva totalmente fascista sin darnos cuenta.

Cierto es que la solución individual no va a salvar al mundo. No. Pero primero es la conciencia de que ese mundo es injusto, es capitalista, al fin y al cabo el fascismo no es más que la solución extrema del capitalismo, sobre todo en tiempos de crisis. Después puede que esa conciencia se haga solidaria, universal. No es el caso de Troy y su pandilla, pero también afirman lo siguiente: ¿Sabes qué, tío? –dice Diesel a Troy en una ocasión- Creo que prefiero ser un ladrón que un político, así al menos sé lo que soy. Algunos de ellos tienen problemas de identidad.

Acción, diálogo, lenguaje crudo, verosimilitud, escasa reflexión (aunque muy importante allí donde se da), frases rápidas aunque no simples, constantes referencias a elementos culturales (cine, literatura y arte), corrupción institucional, violencia, tanto por parte de las instituciones como por parte de los delincuentes, corrupción en todas las instancias del poder… Y los hombres y mujeres frente a sus destinos, con miedos, con dudas, con inseguridad, llenos de vida, no en vano, como piensa Troy, nada que mereciera la pena en la vida carecía de riesgos . Si esas son las características de la novela negra, Perro come perro, al igual que la primera, es una obra maestra, capaz de ir más allá del canon Hard boiled, más allá del cinismo de Spade. No tengo dudas de que estamos ante un reforzamiento de la novela negra, una nueva recreación. Estoy seguro de que no será ningún boom, pero estoy seguro de que es una gran historia, contada además en trescientos cuarenta páginas: no sobra nada, no necesita nada más que lo que nos cuenta.

Perro come perro
Edward Bunker
Sajalin

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