Tiempo de alacranes
Zeki /
Agosto 2006
Pocas dudas hay de que lo mejorcito que hoy se escribe, en novela negra, en español, procede de Suramérica. Para darse cuenta sólo basta leer algunas de las novelas que recientemente llegaron hasta España o las de algunos autores suramericanos afincados aquí que publican en editoriales españolas.
"Tiempo de alacranes" del mejicano Bernardo Fernández (BEF), gracias a la pericia de lectores, cansados de las mismas fórmulas repetidas hasta la saciedad, fue de esas novelas que soslayaron los escollos que un océano, aún en la tan cacareada "globalización", impone a algunos productos como los libros.
La novela llegó pues, precedida de elogios, a 'cuenta gota', viajando, en maletas y envíos de correo particulares, hasta afincarse entre los finalista del "Premio Memorial Silverio Cañada" a la mejor primera novela negra publicada en el año. Un galardón que no tardaría en adjudicarse a pesar de la gran calidad del resto de participantes.
El Güero un personaje 'alto y en color' es el protagonista de este 'western' moderno matizado de 'road movie'. Un güey bien cabronazo pero con pendejadas de chamaquito sentimental que recibe el encargo de despacharse a un mondrigo por el que su jefecito "El Señor", esta nomás refundido en el bote. Un jale que el Güero no podrá cumplir porque aquel bocón cobarde es también un buen padre y "él sabía perfectamente distinguir a un buen hombre de un desgraciado". Si sólo hubiese sido ese pequeño detalle, el Señor, su jefecito, nomás lo hubiere despedido con el consejo de no volver a verlo jamás... después de reintegrar el adelanto cobrado. "Ái nos vemos Güero"
Si no hubiese sido por que tenía que manejar 200 kilómetros hasta el banco más cercano, en Zopilote y porque precisamente ese día tres narquillos que llevan días manejando "trazando una línea roja sobre el mapa de Norteamérica, una cicatriz dibujada con sangre y balas" coincidieron con él en la pinche agencia bancaria. El Güero, si no fuera por ese raíte del pinche destino se hubiera retirado nomás ese día.
Un argumento con ritmo cadencioso, desprovisto de esos calambrazos tan característicos del trhiller, que va transcurriendo sobre unos diálogos ingeniosos conformando el retrato de los diferentes personajes. Estos (los diálogos) fluyen de forma natural y particularmente sugestiva, dotando a la narración de una dimensión colorista a la que seguramente no es ajena la condición de ilustrador de su autor y su contacto con el mundo del cómic. Ese perfilado, como el de ese 'pitoniso' chino que sale de la historia del mismo modo que entró, sin saber por donde, es absolutamente genial. O la sucesión de anécdotas que sin tener una relación estrictamente directa con el hilo central de la historia van construyendo una ambientación, una realidad, donde lo que va ocurriendo resulta del todo verosímil a pesar de lo absurdo de algunas situaciones.
Todo ello arropado por una fina ironía que no deja de ser una crítica abierta a esa parte de la realidad mejicana que se codea con la corrupción, los cambalaches del poder y el narcotráfico. Una visión esperpéntica llena de una entrañable lucidez del que convive esa "realidad" y que salva la grotesca caricatura de otras novelas con pretensión de "realistas" pergeñadas con ínfulas aleccionadoras.
Tiempo de alacranes
Bernardo Fernández (BEF)
JOAQUÍN MORTIZ (2005)
