Todos los que querían evitar las tragedias se fueron, todos los que preferían comodidades se quedaron.

Petros Markaris , "Muerte en Estambul "

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noticias



el ojo clínico

El ojo clínico, ante la inminencia vacacional, propone un tour por el mundo del crimen. Desde Japón, pasando por diversos escenarios norteamericanos, la costa de Namibia, la profunda Sudáfrica bóer, una estación alpina austriaca, la Francia ocupada de la II guerra mundial, y acaba recalando en un Madrid reconvertido en puerto interior. Oferta variada de escenarios, épocas y tramas. Una selección de lecturas con la que pasar del agobiante calor al escalofrío asegurado.

Fuego cruzadoFuego cruzado
Miyuki Miyabe
Quaterni
ISBN: 978-84-937770-3-6, 464 pp., 20,50€

La joven Junko Aoki nació con el poder de la piroquinesis: la capacidad de provocar incendios por medio de la mente. Es algo que le complica la existencia, pues tiene que descargarse de vez en cuando. En uno de esos momentos en el que intenta llevar a cabo una descarga de sus capacidades ígneas, se ve involucrada en un secuestro. Intentando ayudar a la víctima, fríe a unos cuantos secuestradores. Es el inicio de una serie de persecuciones e indagaciones, que implican a Junko...

Gris de campaña Gris de campaña
Philip Kerr
RBA
ISBN: 978-84-9867-927-4,496 pp. ,20,00€

Bernie Gunther, es interceptado por las tropas americanas destinadas en Guantánamo, mientras intenta abandonar Cuba por la presión a la que le somete la policía. Tras su detención es interrogado por la CIA, interesada en averiguar detalles de su pasado como oficial de las SS, y poder utilizarle en una misión contra del bloque comunista. Los interrogatorios dan lugar a la narración de una parte muy importante de las peripecias del ex-comisario de la Kripo berlinesa, mientras actuaba como oficial de las SS en el frente oriental...

Un hermoso lugar para morirUn hermoso lugar para morir
Malla Nunn
Siruela
ISBN: 978-84-9841-565-0,416 pp., 21,95€

Sudáfrica, años cincuenta. En Jacob's Rest, un pequeño pueblo fronterizo con Mozambique, aparece asesinado Willem Pretorius, comisario de policía de la pequeña localidad. Para investigar este crimen se envía al detective de la policía Emmanuel Cooper, de la policía criminal de Johannesburgo. Pese al ascendiente afrikáner de la víctima y ser considerado, profesional y personalmente, un pilar de la comunidad blanca, Cooper no cuenta más que con la colaboración del policía zulú, Shabalala...

Ocho millones de maneras de morir Ocho millones de maneras de morir
Lawrence Block
RBA
ISBN: 978-84-9867-976-2, 368 pp., 19,00€

Una joven prostituta neoyorquina, Kim Dakkinen, pide ayuda a Matt Scudder, ex policía e investigador sin licencia, para abandonar la profesión y la relación que mantiene con su chulo Chance. Al poco de iniciar sus negociaciones, Kim, aparece brutalmente asesinada, y Scudder es contratado por Chance para resolver el caso. Scudder no está pasando precisamente por un buen momento, está luchando contra su dependencia del alcohol, que le tiene consumido desde hace años...

Reina del crimen Reina del crimen
Megan Abbott
Valdemar es pop
ISBN: 978-84-937771-3-5,228 pp.,18,00€

La protagonista, una joven de 22 años que lleva las cuentas en el Club Tee Hee, un garito cutre, es sacada de allí por Gloria Denton, una mujer que trabaja a mayor nivel en el escalafón criminal. Ésta hace de su protegida una opción de futuro, y le enseña todo lo que se debe conocer en ese mundo. La seducción y el encuentro de las dos mujeres se construye mientras la protagonista se va haciendo a imagen y semejanza de su mentora...

La resurrección de los muertosLa resurrección de los muertos
Wolf Haas
Siruela
ISBN: 978-84-9841-564-3, 176 pp., 16,95€

En el telesilla de la estación alpina austríaca, de Zell am See, aparecen los cadáveres de dos turistas norteamericanos. La policía fracasa clamorosamente en la resolución de este caso y abandona. Meses después, a instancias de una aseguradora, la investigación es encomendada a Brenner, ex policía anteriormente obligado a dimitir por sus jefes, al fracasar en la primera encuesta de este asesinato. Su obsesivo y caótico estilo de pensamiento, parece ralentizar y atontar a este policía...

Rosa sangrientaRosa sangrienta
Margie Orford
Roca
ISBN: 978-84-9918-236-0,332 pp.,19,00€

En poco tiempo, la aparición de un tercer cadáver de adolescente, en la remota e inhóspita ciudad y puerto de Walvis Bay, en la costa de Namibia, lleva, ante la escasez de medios, a la capitana Tamar Damases, que lidera el equipo de investigación, a reclamar la ayuda de sus colegas sudafricanos. En este caso se solicita la de especialista en perfiles de asesinos, la dra. Clare Hart. Esta, acompañada del capitán de la policía sudafricana Riedwaan y de Tamar Damases Faizal, inicia una investigación en un lugar perdido...

Todo está perdonado Todo está perdonado
Rafael Reig
Tusquets
ISBN: 978-84-8383-316-2, 376 pp.,19,00€

En un Madrid que resulta ser un importante puerto interior, atravesado por un gran canal, mientras se está celebrando el Campeonato de Europa de selecciones de fútbol de 2008, Laura Gamazo, hija de un próspero empresario, muere por envenenamiento el día de su boda en el Ritz. Su padre, Perico Gamazo, recurre a Antonio Menéndez Vigil, agente de inteligencia retirado y protegido suyo, para que aclare el caso con la colaboración del detective Carlos Clot...

La última causa perdidaLa última causa perdida
Dennis Lehane
RBA
ISBN: 978-84-9006-001-8, 320 pp., 19,00€

Beatrice McCready, tía de Amanda McCready, vuelve a pedir a los investigadores Patrick Kenzie y Angela Gennaro, que igual que doce años antes,busquen a su sobrina que ha vuelto a desaparecer. El que fue uno de sus casos más señalados, con una brillante y terrible resolución, a la vez -según las distintas ópticas-, y que personalmente les costó un año de distanciamiento, irrumpe en sus vidas, con todas las extrañas connotaciones que ya tuvo años antes...

Voces que susurran Voces que susurran
John Connolly
Tusquets
ISBN: 978-84-8383-319-3,379 pp., 20,00€

El detective Charlie Parker es contratado por el empresario Bennett Patchett, preocupado por la situación personal de una de sus empleadas, y de paso le pide intentar dar luz sobre el suicidio de su hijo Damien. Ambas historias tienen en común que tanto el novio de la empleada, como el hijo del empresario son soldados recién llegados de Irak. Esta investigación se entrecruza con la desaparición de objetos artísticos de gran valor desaparecidos en Bagdad, durante la guerra...

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Ni piojos ni consoladores de iridio (*)

Juan Ramón Biedma

El drama no es elegir entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien.
G. W. F. Hegel





Puedo justificar las razones por las que escribo libros entrelazados de genero negro, pero no tengo ni la menor idea de por qué sigo siendo lector más o menos adicto a dicho género; sé, eso sí, que no se debe a lo que dentro de sus irregulares márgenes se está produciendo en los últimos sesenta o setenta años, ni mucho menos a los autores que lo practican.

Paso por verdaderos embarazos cuando un periodista me pide que recomiende a los lectores el inevitable listado de mis novelistas policíacos contemporáneos predilectos,hasta el punto de que casi siempre termino recomendando a los amigos,escriban lo mal que escriban,no quiero darme el lujo de mantener más honestidad que la que me permita salir del paso en cada momento ni me respaldan anuncios publicitarios a toda página que avalen mi posiciónética hasta final de mes.

Está mal la cosa.

Pasé por Madrid durante la feria del libro de este año, dedicada a los autores nórdicos, y tampoco me resultaba fácil cumplir con mis obligaciones cuando en todas y cada una de las tertulias o entrevistas surgía el tema de la literatura que nos llegó y nos trajo el frío; si todos me miraban con extrañeza cuando les decía que ya hace veintitantos años apenas soportaba los inacabables mamotretos que escribían Maj Sjöwall y Per Wahlöö —de los que sólo me divertían sus diéresis—, mucho menos compartían mi rechazo sobre la previsibilidad de las tramas de Henning Mankell o los lloriqueos de su Wallander, desavenencias con mis contertulios que degeneraban en violentas protestas cuando les dejaba caer que quien nos trajo noticia de que el mito del bienestar sueco había caducado fue el asesino de Olof Palme y no las mojigangas planas,infantiloides y multitrilladas de Stieg Larsson y su procesión de mamporreros.

No es que en el resto de Europa ni en Estados Unidos el panoramasea mucho mejor. Me pregunto que lo quedará de esta generación cuando,al paso de unas docenas de años,los analistas compongan el mosaico de la novela negra a principios del siglo XXI; permanecerá James Ellroy,desde luego, pero no creo que como contribuyente al fenómeno común; Ellroy es un personaje atemporal, no asimilable, con una densidad específica que podría haberse manifestadoen nuestra época o en cualquier otra, sin influir en su entorno.

Y debería, porque al final, la única rúbrica de James Ellroy, lo que lo distingue y define, es su habilidad para colocar al personaje en la mesa de autopsias, abrirlo en Y, y extraer,examinar, analizar, degustar la infección de sus vísceras enfermas, la supuración de sus tumores, sus estiércoles menos nombrables. Ellroy es de los pocos escritores que se han atrevido a transgredir las trincheras que el sistema ha establecido alrededor de lo más podrido del ser humano y que lectores, críticos, editores y creadores procuramos evitar cuidadosamente porque su olor es insoportable y las posibilidades de contagio,impredecibles; guardar una estricta distancia de seguridad es la única manera de evitar el asalto de los piojos.

La novela negra se está muriendo de un exceso de elegancia. Ironizamos sobre la corrección política y social que nos atenaza, pero ni siquiera mencionamos la corrección moral que nos abotarga el bisturí a las últimas generaciones de narradores y nos impide profundizar en el auténtico carácter del individuo.

En la consabida máxima de Hegel El drama no es elegir entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien, deberíamos permutar los términos de drama a melodrama al aplicarla a la incapacidad de discernimiento en el mundo de la creación artística.

Hemos llegado a un punto de superficialidad consensuada tácitamente por todos en la que cualquier elemento que altere los esquemas axiológicos convencionales del género, con los héroes bien distinguibles de los villanos y un aderezo de crítica social perfectamente telecontrolado, será retirado de la circulación de una u otra forma en beneficio del sosiego de la comunidad.

Una lectora que trabaja para diversas editoriales tasando manuscritos originales, me cuenta que la única obra que ha evaluado con un diez en los últimos años ha sido una novela en la que se que nos contaba la historia de un pederasta en primera persona. Dicha valoración le granjeó a la lectora la severa amonestación de un director editorial, indignado ante la recomendación de que su sello publicara una obra de esa naturaleza.Que sepamos, la novela continúa inédita.

hemos llegado a un punto en el que el mero atrevimiento de hablar poco glamourosamente de putas, yonquis y chorizos parece que resulta ya de muy mal gusto

Un editor con amplísima experiencia me comentaba, mientras hablábamos sobre las normas que rigen la redacción de los textos de contracubierta de las novelas, que ningún profesional de la edición que conociera su oficio incluiría en esta clase de reseñas palabras como locura, cáncer o suicidio ni referencia alguna a estos conceptos, que está más que demostrado que la gente no quiere leer —saber— nada de ellos, que son veneno para la taquilla.

Una amiga escribió una novela policiaca cuya trama se engarzaba alrededor de un consolador de iridio, consolador que, además, le daba título; por absurdo que parezca, si te tomabas la molestia de iniciar su lectura, encontrabas enseguida una obra sólida, honda, divertida, original, admirablemente bien escrita, y en contra de mi costumbre, decidí enviar el archivo a algunas editoriales con las que mantengo relaciones recomendando su publicación. Las respuestas fueron muy amables, todas coincidían en que las innegables cualidades de la historia se veían eclipsadas por lo insólito de su idea central, tan difícil de hacer llegar al gran público, pero de verdad que fueron muy amables.

Analistas, lectores, editores y hasta escritores nos pasamos la vida exigiéndonos una literatura más exigente, criticándono porque nuestra escritura no es lo bastante crítica, sugiriéndonos maneras de redactar menos planas y más sugerentes, y no sólo no estamos dispuestos a realizar ningún esfuerzo por conseguirlo, sino que nos apresuramosa sofoca cualquier intento de insurrección que detectemos a nuestro alrededor.

No hace mucho, me pidieron que expusiera una conferencia sobre el auge de la novela en la España de nuestros días y, al enumerar los sostenes sobre los que se apoyaba el mencionado encumbramiento, habléde la larga raigambre que el periodismo de sucesos tiene en nuestro país y deduje que nos encontramos ante una sociedad que ya no se conformaba con la versión simplista y maniquea que nos ofrece la noticia de alcance, una sociedad que necesita profundizar en el perfil del agresor, del agredido, del contexto y de las razones que han dado lugar al hecho delictivo y afirmé que esa posibilidad de vivisección sólo la ofrecía la novela negra. Pero una vez más, creo que me precipité en mis conclusiones. Si observo con detenimiento lo que escribimos, me resulta evidente que la novela criminal que estamos haciendo pocas veces va más allá de esta clase de periodismo, que en multitud de ocasiones es su única fuente de inspiración.

Aquí mismo, en Gijón, nos contaba Juan Madrid que por Malasaña, cualquier puta, yonqui o chorizo sabe que puede ganarse unos euros contándole una buena historia que él llevará o no a sus libros; y mientras decía esto, me pareció que estaba escuchando a alguien que hablaba muy en escritor, y que todos teníamos mucho que aprender de él. No estoy diciendo que sea imprescindible pasarnos la vida entre putas, yonquis y chorizos —hemos llegado a un punto en el que el mero atrevimiento de hablar poco glamourosamente de putas, yonquis y chorizos parece que resulta ya de muy mal gusto—, aunque, para hacer lo que hacemos, se nos puede y se nos debe pedir que realicemos el esfuerzo intelectual de penetrar en las maneras de ser, pensar, hablar y actuar de toda clase de personas.

Y es que, particularmente en este género, no hay por qué perdonar al escritor por su falta de contacto con las calles de las que somos presuntos cronistas, por carecer de esa briega diaria con los personajes a los que presumimos de retratar.

Tenemos un problema clarísimo de endogamia. Un importante número de los narradores negros que están surgiendo no tienen más influencia, pasado, familia ni horizonte que los autores policíacos a los que han leído con mucha aplicación, con toda aplicación, siempre que éstos cumplan el requisito de haber estado de moda o haber sido superventas en un pasado reciente, no se nos ocurra hablar de García Pavón o de W. R. Burnett, porque la arqueoliteratura tampoco está bien vista. Y como suele ocurrir tras cualquier cruce repetidamente endogámico, el espécimen resultante es canijo, asexuado, feo e insulso.

Aunque no tiene mucho sentido restringir estos defectos a la novela negra; parece que en muchos casos da lo mismo escribir literatura criminal que pastoril o lo que nos echen, los límites genéricos son cada vez más susceptibles de ser maleados —cada vez más pervertidos pero también más fácilmente domesticados—, no porque estemos trabajando para ampliar sus fronteras y enriquecer sus fondos y sus formas, sino porque ya muy pocos se preocupan por realizar un análisis riguroso de su naturaleza.

En la actualidad, la única clasificación de géneros vigente es la derivada de los criterios de ordenamiento aplicados en las secciones de librería en los grandes almacenes.

Tengo la impresión de que, en estos momentos, nos encontramos ante una novela negra algo hipotensa, más próxima a la novela enigma tradicional que al policiaco arrabalero, hecha en muchos casos por profesionales que no quieren complicarse la vida con ninguna incorrección social, política o moral, que sobrevivirá una vez más, misteriosamente fortalecida, a pesar de los que la ejecutamos.

(*)Artículo, publicado con anterioridad en el A QUEMARROPA del viernes, 16 de julio de 2010 Cedido para su publicación en La Gangsterera, por su autor y el A QUEMARROPA

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